Tus labios son de cristal, tan sabios:
el de arriba, un despejado cielo;
de bruñido mar el otro labio.
Cuando se besan y se funden, brillan
como dos lunas frías, transparentes,
en la mitad de una noche encendida.
Si hablan, las palabras se entrelazan
en la boca, tiernas, enamoradas...