Oh, néctar de cebada, luz dorada,
que alivia el corazón cuando apetece;
tu espuma es paz que en la garganta nada,
tu frescura, un sosiego que se mece.
Del agua y del lúpulo eres nacida,
fermentas con paciencia silenciosa,
y ofreces, en tu magia compartida,
la risa que a la tarde vuelve hermosa...