Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Era de noche cerrada
cuando imaginé el momento
de tenerte entre mis brazos
y de acariciar tu cuerpo.
Poco dormí aquella noche,
de julio era el veintidós,
cuando partí hacia Sevilla
a conocerte, mi amor.
Llegado ya a Santa Justa
te quise buscar, mujer.
No sabía dónde estabas
pero, al cabo, te encontré.
Aquel hotel sevillano
me hizo vivir la ilusión
de un amor vibrante, indómito,
que me entrecortó la voz.
Y así vivimos dos días
en aquel plácido Edén.
Los años ya se pasaron
y con ellos mi amor fue.
Pero, siempre, en ese día
te recuerdo a mi pesar.
Fuiste como una fantasma
y ya nunca volverás.
Tampoco he de volver yo
a ser el hombre de entonces,
los años pasan factura
y hay cobrador que los cobre
.
Pero siempre mi memoria
ha de guardar el instante
en que vi tus labios rojos
vibrando, como anhelantes.
¡Agua que el Guadalquivir
hacia los mares se lleva..!
Nunca vuelves para atrás,
¡siempre adelante navegas!
cuando imaginé el momento
de tenerte entre mis brazos
y de acariciar tu cuerpo.
Poco dormí aquella noche,
de julio era el veintidós,
cuando partí hacia Sevilla
a conocerte, mi amor.
Llegado ya a Santa Justa
te quise buscar, mujer.
No sabía dónde estabas
pero, al cabo, te encontré.
Aquel hotel sevillano
me hizo vivir la ilusión
de un amor vibrante, indómito,
que me entrecortó la voz.
Y así vivimos dos días
en aquel plácido Edén.
Los años ya se pasaron
y con ellos mi amor fue.
Pero, siempre, en ese día
te recuerdo a mi pesar.
Fuiste como una fantasma
y ya nunca volverás.
Tampoco he de volver yo
a ser el hombre de entonces,
los años pasan factura
y hay cobrador que los cobre
.
Pero siempre mi memoria
ha de guardar el instante
en que vi tus labios rojos
vibrando, como anhelantes.
¡Agua que el Guadalquivir
hacia los mares se lleva..!
Nunca vuelves para atrás,
¡siempre adelante navegas!
Última edición:
