Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Acostado en el sofá,
bien dormido me quedé.
¡Qué cosas llegué a soñar,
no te las vas a creer!
Que tú estabas junto a mí
y con pasión me besabas,
no pude más que reír
cuando te miré a la cara.
Noté cómo te sentías
febril, sudando, anhelante.
Entonces te dije: - Vida,
prosigue y nunca te pares.
Porque me quiero morir
del placer que me estás dando. -.
Tú me dijiste que sí
y me estrechaste en tus brazos.
¡Ay, sueños! ¡Ay, ilusiones
de amores sólo soñados!
¡Que el Dios Santo me perdone
si es que al soñar he pecado!
Pero sueños quiero así
muy a menudo tener
y que nunca tengan fin
para que apague esta sed
de cariño que no tengo.
Me siento solo, chiquilla,
y aquí estoy matando el tiempo
rellenando estas cuartillas.
Si hay que dormir, dormiré,
mas es tiempo que no vivo.
- ¡Ven a mi lado, sí, ven,
por caridad te lo pido!
¡Haz feliz a este poeta,
porque me encuentro muy solo,
ninguna escucha mis quejas,
nadie sofoca mis lloros! -.
Golpe a golpe y verso a verso,
como escribió el gran Machado…
¿Para qué, si en estos versos
hay demonios emboscados
que me van robando aliento,
pues que me roban los días?
¡Corre y no pierdas el tiempo,
que quiero aún hacerte mía!
bien dormido me quedé.
¡Qué cosas llegué a soñar,
no te las vas a creer!
Que tú estabas junto a mí
y con pasión me besabas,
no pude más que reír
cuando te miré a la cara.
Noté cómo te sentías
febril, sudando, anhelante.
Entonces te dije: - Vida,
prosigue y nunca te pares.
Porque me quiero morir
del placer que me estás dando. -.
Tú me dijiste que sí
y me estrechaste en tus brazos.
¡Ay, sueños! ¡Ay, ilusiones
de amores sólo soñados!
¡Que el Dios Santo me perdone
si es que al soñar he pecado!
Pero sueños quiero así
muy a menudo tener
y que nunca tengan fin
para que apague esta sed
de cariño que no tengo.
Me siento solo, chiquilla,
y aquí estoy matando el tiempo
rellenando estas cuartillas.
Si hay que dormir, dormiré,
mas es tiempo que no vivo.
- ¡Ven a mi lado, sí, ven,
por caridad te lo pido!
¡Haz feliz a este poeta,
porque me encuentro muy solo,
ninguna escucha mis quejas,
nadie sofoca mis lloros! -.
Golpe a golpe y verso a verso,
como escribió el gran Machado…
¿Para qué, si en estos versos
hay demonios emboscados
que me van robando aliento,
pues que me roban los días?
¡Corre y no pierdas el tiempo,
que quiero aún hacerte mía!
