Antonio Jurado
Miembro Conocido

Una tarde en primavera
sin que yo me diera cuenta
algo en mi cuerpo falló
y un infarto le causó
heridas perecederas
a mi pobre corazón.
Convencido de mi adiós
viendo cercano el silencio,
creí que todo acababa
y el miedo me superó.
Mentalmente repasé
mi vida en una carrera
y en secuencia muy veloz
por delante de mis ojos
pasaron las cosas bellas,
y recordando a los míos
reviví las cosas tiernas,
abrazos, besos y adioses
di y recibí de mi entorno
y al tocarme con sus manos
notaba en su suave tacto
que de armoniosos latidos
estaban sus manos llenas
latidos tan generosos
que me llenaban el alma
y en su afán por no perderme
parte de su vida entregan
nos habíamos dicho adiós
aunque nadie lo quisiera,
sus miradas me pedían
¡no te vayas!, ¡quédate!,
y al irse les vi inundarse
de lagrimas de tristeza,
mientras sus labios decían
una oración dulce y tierna
Se fueron y me dormí
mentalmente dije adiós.
Consulté conmigo mismo,
yo no quería que me fuera.
Al otro día desperté,
de milagro, estaba vivo,
al mirarme en el espejo
¡qué bonita la sonrisa
que en mis labios se refleja!
Uno a uno llamé a todos,
para evitarles la pena
y agradecí sus oraciones
porque habían enternecido
a Dios, que no permitió,
viendo tal llanto en sus ojos,
que yo subiera a ese tren
que a la oscuridad te lleva.
Antonio Jurado (España)
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