Matías Santiago
Miembro
Dormida habitas mi desvelo,
eres sangre, carne, hueso, amanecer y ocaso de universos,
eres sábanas y trazos, tiritares, sonidos sonrosados;
eres fuego, estrella, hambre, sed: alfabeto de mis manos.
Dormida anidas el insomnio de mis venas,
incendias de tu aliento esta hora que nos peca,
abismo de mi muerte, tu piel en que morimos,
tus ojos cuando duermen, llamas como labios de niño.
Mujer de mis deshoras, distancia que me arde,
batalla y espejismo, sudor que no me sabe;
despierta en ti la noche, aploma tu modorra,
tu nada y tu infinito, amanecer demora.
Dormida reconfundes la fosa de mis siglos,
caireles en tu pelo, brizna de mis destinos;
tu cuerpo entre latidos, cerezo en primavera,
vaivenes en tu pecho, ahogo de estas venas.
Dormida naces a mi vista,
profunda, navegable, pacífica de océanos;
constelan tus lunares a tu espalda, tus colinas y mis brazos,
aurora y amapolas, boreal astrología de mis retazos.
Dormida me derrumbas y te alcobas,
y menguas a la luna, derrumbas las zozobras;
acantilados sueños, no incendias la mañana,
dejas que se derrame tibia sobre la cama.
Dormida alojas todos los sentidos,
cada segundo mudo pide tu ser a gritos,
suspiras y te hundes, hoguera y mariposas;
capullo de mi tiempo, ansias y vigilia de mis horas.
Dormida despabilas, te vuelves dos luceros,
tus iris que me muestran resplandecer el cielo,
me acoges en tu cuerpo, penetras mi mirada,
desnudas las centellas, me vuelves en tu almohada.
Matías Santiago
eres sangre, carne, hueso, amanecer y ocaso de universos,
eres sábanas y trazos, tiritares, sonidos sonrosados;
eres fuego, estrella, hambre, sed: alfabeto de mis manos.
Dormida anidas el insomnio de mis venas,
incendias de tu aliento esta hora que nos peca,
abismo de mi muerte, tu piel en que morimos,
tus ojos cuando duermen, llamas como labios de niño.
Mujer de mis deshoras, distancia que me arde,
batalla y espejismo, sudor que no me sabe;
despierta en ti la noche, aploma tu modorra,
tu nada y tu infinito, amanecer demora.
Dormida reconfundes la fosa de mis siglos,
caireles en tu pelo, brizna de mis destinos;
tu cuerpo entre latidos, cerezo en primavera,
vaivenes en tu pecho, ahogo de estas venas.
Dormida naces a mi vista,
profunda, navegable, pacífica de océanos;
constelan tus lunares a tu espalda, tus colinas y mis brazos,
aurora y amapolas, boreal astrología de mis retazos.
Dormida me derrumbas y te alcobas,
y menguas a la luna, derrumbas las zozobras;
acantilados sueños, no incendias la mañana,
dejas que se derrame tibia sobre la cama.
Dormida alojas todos los sentidos,
cada segundo mudo pide tu ser a gritos,
suspiras y te hundes, hoguera y mariposas;
capullo de mi tiempo, ansias y vigilia de mis horas.
Dormida despabilas, te vuelves dos luceros,
tus iris que me muestran resplandecer el cielo,
me acoges en tu cuerpo, penetras mi mirada,
desnudas las centellas, me vuelves en tu almohada.
Matías Santiago
