Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Me encontré al ratón y al gato
revolviendo en mi memoria,
contarles aquella historia
puedo decir que me es grato.
Micifuz no aceptó el trato
que le propuso el ratón,
por ser un gran cobardón
mas con dos dedos de frente.
A ver quién es el valiente
que no le dé la razón.
El ratoncillo decía:
-¡Vamos a ver a mi amigo!
Si su permiso consigo
pasamos juntos el día.-
Algo al gato mal le olía
y, pensando en lo peor,
hizo caso a su temor.
No quiso ni ver de lejos
a quien temían los viejos
tan sólo al oler su olor.
Por tanto, de tal manera,
no picó el sabroso anzuelo,
ni hizo caso del señuelo,
por más que sabroso fuera.
¡Qué talento y qué sesera
ha quien el peligro evita!
Así esta historia fue escrita
para enseñanza de zotes,
aunque unos cuantos azotes
alguien hay que necesita.
Y es que no sé yo el motivo
mas me dicta mi experiencia,
la Madre de toda Ciencia,
que es tal como lo describo.
Rebuscando en el archivo
de tanto que vi en mi vida
hay cosas que uno no olvida
y son siempre las peores.
Si te asaltan los temores
mejor de tu entorno cuida.
Porque suele suceder
tengas el rival en casa.
Luego pasa lo que pasa,
por cuidado no tener.
Recuerdo que en el ayer
mil veces me habrán mentido,
nunca fue un desconocido
sino a quien tuvo mi puerta
a todas horas abierta
y aprovechó mi descuido.
Como dijo el colombiano
al que vendí los cupones
con los que ganó millones:
- No prestes franca la mano,
que acostumbra el ser humano
a ser más fiero que el lobo.
Si en él fías eres bobo
y si no mala persona,
es así como funciona
la mecánica del robo. -.
El pobre se fue a su tierra
y dos tiros le pegaron,
según después me contaron.
¡Pero qué suerte más perra!
El vivo al difunto entierra
no pensando en su enseñanza.
Mientras él llene su panza
lo demás poco le importa,
hasta que le da una torta
quien le prestara alabanza.
El que no le dijo insultos
y del que nunca dudó,
a quien siempre le mostró
sus secretos más ocultos.
Como somos más que adultos
Entiendo que se me entiende
Mas, por si no se comprende
lo diré de forma clara:
- ¡Puedo partirle la cara
al que engañarme pretende! -.
Es algo que ha sucedido
a veces en el pasado,
siempre existió algún pesado
a quien la cara he partido.
Y no estoy arrepentido.
Si le sirve de consuelo
ya no reto más en duelo
como antaño reté. ¿A quién?
Que le pregunte, en Jaén,
a un tonto con poco pelo.
Lo de calvo es una seña,
no un insulto, pues tampoco
tengo yo pelos de loco
ni presumo de mi greña.
Pero que presto a dar leña
hacia esa tierra partí,
puedo afirmarles que sí.
No aceptó el reto el cobarde,
de pagarle no hice alarde,
pero bien que me reí.
Y aquí se termina el cuento
del ratón y del felino,
no quiero serles cansino,
de verdad que no les miento.
Pero es que, en verdad, me siento
por un cabrón acosado,
como ya les he contado.
Así que punto y final.
Si quiere causarme mal,
¡Dios le coja confesado!
revolviendo en mi memoria,
contarles aquella historia
puedo decir que me es grato.
Micifuz no aceptó el trato
que le propuso el ratón,
por ser un gran cobardón
mas con dos dedos de frente.
A ver quién es el valiente
que no le dé la razón.
El ratoncillo decía:
-¡Vamos a ver a mi amigo!
Si su permiso consigo
pasamos juntos el día.-
Algo al gato mal le olía
y, pensando en lo peor,
hizo caso a su temor.
No quiso ni ver de lejos
a quien temían los viejos
tan sólo al oler su olor.
Por tanto, de tal manera,
no picó el sabroso anzuelo,
ni hizo caso del señuelo,
por más que sabroso fuera.
¡Qué talento y qué sesera
ha quien el peligro evita!
Así esta historia fue escrita
para enseñanza de zotes,
aunque unos cuantos azotes
alguien hay que necesita.
Y es que no sé yo el motivo
mas me dicta mi experiencia,
la Madre de toda Ciencia,
que es tal como lo describo.
Rebuscando en el archivo
de tanto que vi en mi vida
hay cosas que uno no olvida
y son siempre las peores.
Si te asaltan los temores
mejor de tu entorno cuida.
Porque suele suceder
tengas el rival en casa.
Luego pasa lo que pasa,
por cuidado no tener.
Recuerdo que en el ayer
mil veces me habrán mentido,
nunca fue un desconocido
sino a quien tuvo mi puerta
a todas horas abierta
y aprovechó mi descuido.
Como dijo el colombiano
al que vendí los cupones
con los que ganó millones:
- No prestes franca la mano,
que acostumbra el ser humano
a ser más fiero que el lobo.
Si en él fías eres bobo
y si no mala persona,
es así como funciona
la mecánica del robo. -.
El pobre se fue a su tierra
y dos tiros le pegaron,
según después me contaron.
¡Pero qué suerte más perra!
El vivo al difunto entierra
no pensando en su enseñanza.
Mientras él llene su panza
lo demás poco le importa,
hasta que le da una torta
quien le prestara alabanza.
El que no le dijo insultos
y del que nunca dudó,
a quien siempre le mostró
sus secretos más ocultos.
Como somos más que adultos
Entiendo que se me entiende
Mas, por si no se comprende
lo diré de forma clara:
- ¡Puedo partirle la cara
al que engañarme pretende! -.
Es algo que ha sucedido
a veces en el pasado,
siempre existió algún pesado
a quien la cara he partido.
Y no estoy arrepentido.
Si le sirve de consuelo
ya no reto más en duelo
como antaño reté. ¿A quién?
Que le pregunte, en Jaén,
a un tonto con poco pelo.
Lo de calvo es una seña,
no un insulto, pues tampoco
tengo yo pelos de loco
ni presumo de mi greña.
Pero que presto a dar leña
hacia esa tierra partí,
puedo afirmarles que sí.
No aceptó el reto el cobarde,
de pagarle no hice alarde,
pero bien que me reí.
Y aquí se termina el cuento
del ratón y del felino,
no quiero serles cansino,
de verdad que no les miento.
Pero es que, en verdad, me siento
por un cabrón acosado,
como ya les he contado.
Así que punto y final.
Si quiere causarme mal,
¡Dios le coja confesado!
