Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Clavado a la pared por tres tornillos
mantengo un Crucifijo que he hallado.
Mi mente bien recuerda, en el pasado,
las Misas que escuchamos de chiquillos.
Palpando el interior de sus bolsillos
el Padre Superior pasaba al lado
de todos los alumnos cual soldado
y a varios dio un capón con los nudillos.
-¡Que canten, más vigor en esas voces,
parecen estar muertos de cansancio! -.
Sus pasos más que pasos eran coces,
en tanto que exhalaba un hedor rancio.
Las llagas de mi Cristo son atroces,
igual que aquel rigor del Calasancio.
Su impronta bien conservo y, pese a todo,
opino que la forja fue efectiva.
Magnífica enseñanza., honda y lectiva,
no vana ni al tuntún, de cualquier modo.
A veces pude ver en un recodo
escenas que es mejor que no describa
y tuve que tragar mucha saliva
con tal de soportar mi cruel apodo.
Pues nadie se ocupó de mi defecto,
ninguno me ofreció su simpatía.
Su lema era obligar a crecer recto
al árbol que seríamos un día.
Lograron su objetivo y, a ese efecto,
no puede discutirse su valía.
Mas pasaron de mí y de tantos muchos
a quienes castigase la Natura,
a algunos por tener baja estatura
y a pocos por crecer muy larguiruchos.
En eso de educar sí fueron duchos
mas poca caridad fue repartida.
¿A cuántos fastidiaron en su vida
con tanta castidad lerda obligada?
Yo tuve precaución, de esa andanada
el alma se salvó sin ser herida.
mantengo un Crucifijo que he hallado.
Mi mente bien recuerda, en el pasado,
las Misas que escuchamos de chiquillos.
Palpando el interior de sus bolsillos
el Padre Superior pasaba al lado
de todos los alumnos cual soldado
y a varios dio un capón con los nudillos.
-¡Que canten, más vigor en esas voces,
parecen estar muertos de cansancio! -.
Sus pasos más que pasos eran coces,
en tanto que exhalaba un hedor rancio.
Las llagas de mi Cristo son atroces,
igual que aquel rigor del Calasancio.
Su impronta bien conservo y, pese a todo,
opino que la forja fue efectiva.
Magnífica enseñanza., honda y lectiva,
no vana ni al tuntún, de cualquier modo.
A veces pude ver en un recodo
escenas que es mejor que no describa
y tuve que tragar mucha saliva
con tal de soportar mi cruel apodo.
Pues nadie se ocupó de mi defecto,
ninguno me ofreció su simpatía.
Su lema era obligar a crecer recto
al árbol que seríamos un día.
Lograron su objetivo y, a ese efecto,
no puede discutirse su valía.
Mas pasaron de mí y de tantos muchos
a quienes castigase la Natura,
a algunos por tener baja estatura
y a pocos por crecer muy larguiruchos.
En eso de educar sí fueron duchos
mas poca caridad fue repartida.
¿A cuántos fastidiaron en su vida
con tanta castidad lerda obligada?
Yo tuve precaución, de esa andanada
el alma se salvó sin ser herida.
