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El único charco que entregó el mundo

GabrielaAnaya

Nuevo Miembro
¿Qué miro atrás sino una roca?
un mudo campo que no habla de gloria.

He penado en la muerte,
en la plenitud de la sombra
y miro hacia el frente un hosco llano
que me abraza entre púas.

¿Qué soy pues en este sopor ilegible?
¿en esta nube de espejos vacíos?
Soy la herrumbre de un fuego
que prendió el deseo,
el desecho de un sueño extraviado,
el perro vagabundo y amargo
que bebió del suelo
el único charco que le entregó el mundo
y que en él su reflejo le dice
que no queda más que un consuelo
en medio de las sobras que escupe
una existencia abrupta en flagelo

Y que aun en su azar moribundo
le juega a la faz de un radiante optimismo,
de un simple transeúnte
de plumas mareadas sin prisa
dispuestas al gozoso saqueo del vuelo.

Gabriela Anaya.
 
Prometí leerte, por eso lo hice y acá va mi análisis crítico, separado en dos aspectos: Por ser una obra en verso libre, me detendré en su signo antes que en la forma.

Desde la forma, el poema trabaja claramente en verso libre: no hay patrón regular de rima ni de medida silábica, y el ritmo se apoya en la sintaxis, las pausas y el encabalgamiento más que en una métrica tradicional cerrada.

Versificación y ritmo
  • Los versos tienen extensión variable (de muy cortos a muy largos), lo que genera una cadencia quebrada que acompaña el tono reflexivo y angustiado.
  • El ritmo se construye por agrupaciones sintácticas completas dentro del verso (“Soy la herrumbre de un fuego / que prendió el deseo”) y por ciertos encabalgamientos suaves que prolongan la tensión semántica hacia el siguiente verso.
Estrofas y organización
  • El poema se organiza en bloques reconocibles: una apertura interrogativa breve, un bloque descriptivo sombrío, un núcleo de autodefinición metafórica y un cierre que eleva ligeramente el tono, lo que recuerda el uso de estrofas en verso libre para marcar cambios de foco emocional o conceptual.
  • Cada bloque funciona casi como un párrafo poético: introduce una imagen dominante (roca, llano, perro, plumas) y desarrolla a su alrededor un campo semántico coherente, lo cual suple la ausencia de formas estróficas tradicionales (soneto, romance, etc.).
Sintaxis y encabalgamiento
  • Predomina una sintaxis oracional relativamente clara, con oraciones extensas que se despliegan a lo largo de varios versos; esto genera un efecto casi prosístico pero con cortes estratégicos que enfatizan palabras clave como “roca”, “púas”, “deseo”, “charco”, “consuelo”, “vuelo”.
  • El encabalgamiento es sobre todo de tipo suave: el sentido continúa fluidamente, pero el corte de verso introduce una breve suspensión que potencia el dramatismo (“el único charco que le entregó el mundo / y que en él su reflejo le dice…”).
Sonoridad y léxico
  • Aunque no hay rima fija, se perciben asonancias internas y repeticiones fónicas (“sopor ilegible”, “nube de espejos vacíos”, “perro vagabundo y amargo”) que dan cohesión sonora y evitan la sensación de prosa cortada.
  • El léxico combina abstracción (“sombra”, “existencia”, “azar”, “optimismo”) con elementos concretos y duros (“roca”, “púas”, “perro”, “charco”, “sobras”), lo que crea un tejido formal donde lo conceptual se ancla en imágenes materiales; este contraste apoya la densidad rítmica aunque no haya metro regular.
Función expresiva de la forma
  • El uso del verso libre permite que el tono existencial y meditativo se exprese sin la rigidez de una estructura métrica, alineándose con la tradición contemporánea donde la forma se subordina al flujo del pensamiento y a la respiración del hablante.
  • La progresión desde versos relativamente breves al inicio a otros cada vez más extensos y acumulativos en el centro refuerza la sensación de desborde emocional, mientras que en el cierre, la leve elevación imagética (“plumas”, “vuelo”) se apoya en una cadencia algo más ligera, casi de descompresión rítmica.
Desde el signo. Este poema presenta un tono existencial de profunda gravedad, que oscila entre la desolación ontológica y un tenue impulso de afirmación vital. Su lenguaje se sitúa dentro de una tradición de introspección poética que evoca ecos del simbolismo y del modernismo tardío, con su imaginería sombría y su exploración del yo frente al vacío.

El texto se abre con una pregunta retórica que estructura toda su meditación: “¿Qué miro atrás sino una roca?”. Este verso inicial despliega desde el comienzo una mirada hacia el pasado y, al mismo tiempo, una percepción del tiempo como materia inmóvil, petrificada. La roca funciona como símbolo de la imposibilidad de retorno: el pasado carece de gloria, es un “mudo campo”, metáfora del silencio de la historia personal. La voz poética se sitúa, por tanto, en un umbral entre la memoria y la nada.

En los versos siguientes, la experiencia de “haber penado en la muerte” y de habitar “la plenitud de la sombra” sitúa al hablante en un estadio liminar entre la vida y la disolución. La sombra es plenitud, pero inversa: plenitud de ausencia. La frase “un hosco llano que me abraza entre púas” combina una paradoja visual y táctil; el abrazo, tradicionalmente asociado al amparo, aquí se transforma en herida. Este recurso refuerza el tono de contradicción existencial: incluso la esperanza duele.

En la segunda estrofa, el poema profundiza en la autofigura del sujeto lírico —“¿Qué soy pues en este sopor ilegible?”— como conciencia perdida en un mundo sin significado. La “nube de espejos vacíos” implica una multiplicación de reflejos sin contenido, un descentramiento de la identidad. Así, cuando el hablante se define como “herrumbre de un fuego que prendió el deseo”, introduce la metáfora del desgaste espiritual: el fuego, principio vital, ha perdido su poder creador y se ha corroído.

El extenso desarrollo del símbolo del “perro vagabundo y amargo” aporta una dimensión casi narrativa. Esa figura representa el yo expulsado, marginado, que solo encuentra su propia imagen en el “charco que le entregó el mundo”. El reflejo no ofrece redención, sino confirmación del despojo: el último consuelo es mirar su miseria. La descripción del “charco” y de lo que “escupe una existencia abrupta en flagelo” recuerda procedimientos de la poesía expresionista por su imaginería áspera y su tensión entre el cuerpo y el entorno hostil.

Sin embargo, en la última estrofa, el poema sugiere una posible inversión. El perro —símbolo del yo en ruina— aún juega frente al destino (“en su azar moribundo le juega a la faz...”), como si en medio del despojo persistiera una chispa de ironía o de impulso vital. Esa oscilación hacia “un radiante optimismo” puede leerse como sarcasmo o como supervivencia del instinto de vida; en cualquier caso, introduce matices en la voz poética y la rescata de la pura desesperanza. Las imágenes finales —“plumas mareadas sin prisa”, “gozoso saqueo del vuelo”— funcionan como un leve ascenso simbólico, una apertura hacia la posibilidad de movimiento, aunque sea en un espacio incierto.

En suma, este poema exhibe una sólida coherencia simbólica y una madurez notable. Su estructura interrogativa, su imaginería orgánica y su ritmo pausado construyen una atmósfera de introspección que hace dialogar la decadencia con la persistencia de la mirada creadora. La dicción es sobria, precisa y cargada de tensión semántica: cada imagen responde a una línea ética de pensamiento sobre la condición humana, sobre el sobrevivir incluso en el despojo. Hay en él una sensibilidad que enlaza lo metafísico con lo terreno, lo trágico con lo leve: una lucidez que contempla el vacío sin renunciar del todo al vuelo.
 

José Luis Blázquez

JURADO - MODERADOR de los Foros de Poética Clásica
No cabría cambiar ni una "coma" al extenso y fundamentado análisis que ha hecho sobre tu obra Francisco Rubén. Coincido en que se aprecian signos de introspección y desesperanza en tu obra, lo que le da un toque de cierta melancolía.

Saludos cordiales.

P.D. En todas tus intervenciones, aparece el mensaje de "Spam". Cuando esto ocurre, el sistema está avisando de que en todas las publicaciones se está haciendo uso de la I.A., y esto no es lo deseable. Es cierto que hoy en día, a través de ChatGPT, Copilot, Géminis, etc., se pueden componer y publicar obras casi perfectas, pero que no tienen ningún valor por no haber sido creadas por personas.
 

GabrielaAnaya

Nuevo Miembro
Prometí leerte, por eso lo hice y acá va mi análisis crítico, separado en dos aspectos: Por ser una obra en verso libre, me detendré en su signo antes que en la forma.

Desde la forma, el poema trabaja claramente en verso libre: no hay patrón regular de rima ni de medida silábica, y el ritmo se apoya en la sintaxis, las pausas y el encabalgamiento más que en una métrica tradicional cerrada.

Versificación y ritmo
  • Los versos tienen extensión variable (de muy cortos a muy largos), lo que genera una cadencia quebrada que acompaña el tono reflexivo y angustiado.
  • El ritmo se construye por agrupaciones sintácticas completas dentro del verso (“Soy la herrumbre de un fuego / que prendió el deseo”) y por ciertos encabalgamientos suaves que prolongan la tensión semántica hacia el siguiente verso.
Estrofas y organización
  • El poema se organiza en bloques reconocibles: una apertura interrogativa breve, un bloque descriptivo sombrío, un núcleo de autodefinición metafórica y un cierre que eleva ligeramente el tono, lo que recuerda el uso de estrofas en verso libre para marcar cambios de foco emocional o conceptual.
  • Cada bloque funciona casi como un párrafo poético: introduce una imagen dominante (roca, llano, perro, plumas) y desarrolla a su alrededor un campo semántico coherente, lo cual suple la ausencia de formas estróficas tradicionales (soneto, romance, etc.).
Sintaxis y encabalgamiento
  • Predomina una sintaxis oracional relativamente clara, con oraciones extensas que se despliegan a lo largo de varios versos; esto genera un efecto casi prosístico pero con cortes estratégicos que enfatizan palabras clave como “roca”, “púas”, “deseo”, “charco”, “consuelo”, “vuelo”.
  • El encabalgamiento es sobre todo de tipo suave: el sentido continúa fluidamente, pero el corte de verso introduce una breve suspensión que potencia el dramatismo (“el único charco que le entregó el mundo / y que en él su reflejo le dice…”).
Sonoridad y léxico
  • Aunque no hay rima fija, se perciben asonancias internas y repeticiones fónicas (“sopor ilegible”, “nube de espejos vacíos”, “perro vagabundo y amargo”) que dan cohesión sonora y evitan la sensación de prosa cortada.
  • El léxico combina abstracción (“sombra”, “existencia”, “azar”, “optimismo”) con elementos concretos y duros (“roca”, “púas”, “perro”, “charco”, “sobras”), lo que crea un tejido formal donde lo conceptual se ancla en imágenes materiales; este contraste apoya la densidad rítmica aunque no haya metro regular.
Función expresiva de la forma
  • El uso del verso libre permite que el tono existencial y meditativo se exprese sin la rigidez de una estructura métrica, alineándose con la tradición contemporánea donde la forma se subordina al flujo del pensamiento y a la respiración del hablante.
  • La progresión desde versos relativamente breves al inicio a otros cada vez más extensos y acumulativos en el centro refuerza la sensación de desborde emocional, mientras que en el cierre, la leve elevación imagética (“plumas”, “vuelo”) se apoya en una cadencia algo más ligera, casi de descompresión rítmica.
Desde el signo. Este poema presenta un tono existencial de profunda gravedad, que oscila entre la desolación ontológica y un tenue impulso de afirmación vital. Su lenguaje se sitúa dentro de una tradición de introspección poética que evoca ecos del simbolismo y del modernismo tardío, con su imaginería sombría y su exploración del yo frente al vacío.

El texto se abre con una pregunta retórica que estructura toda su meditación: “¿Qué miro atrás sino una roca?”. Este verso inicial despliega desde el comienzo una mirada hacia el pasado y, al mismo tiempo, una percepción del tiempo como materia inmóvil, petrificada. La roca funciona como símbolo de la imposibilidad de retorno: el pasado carece de gloria, es un “mudo campo”, metáfora del silencio de la historia personal. La voz poética se sitúa, por tanto, en un umbral entre la memoria y la nada.

En los versos siguientes, la experiencia de “haber penado en la muerte” y de habitar “la plenitud de la sombra” sitúa al hablante en un estadio liminar entre la vida y la disolución. La sombra es plenitud, pero inversa: plenitud de ausencia. La frase “un hosco llano que me abraza entre púas” combina una paradoja visual y táctil; el abrazo, tradicionalmente asociado al amparo, aquí se transforma en herida. Este recurso refuerza el tono de contradicción existencial: incluso la esperanza duele.

En la segunda estrofa, el poema profundiza en la autofigura del sujeto lírico —“¿Qué soy pues en este sopor ilegible?”— como conciencia perdida en un mundo sin significado. La “nube de espejos vacíos” implica una multiplicación de reflejos sin contenido, un descentramiento de la identidad. Así, cuando el hablante se define como “herrumbre de un fuego que prendió el deseo”, introduce la metáfora del desgaste espiritual: el fuego, principio vital, ha perdido su poder creador y se ha corroído.

El extenso desarrollo del símbolo del “perro vagabundo y amargo” aporta una dimensión casi narrativa. Esa figura representa el yo expulsado, marginado, que solo encuentra su propia imagen en el “charco que le entregó el mundo”. El reflejo no ofrece redención, sino confirmación del despojo: el último consuelo es mirar su miseria. La descripción del “charco” y de lo que “escupe una existencia abrupta en flagelo” recuerda procedimientos de la poesía expresionista por su imaginería áspera y su tensión entre el cuerpo y el entorno hostil.

Sin embargo, en la última estrofa, el poema sugiere una posible inversión. El perro —símbolo del yo en ruina— aún juega frente al destino (“en su azar moribundo le juega a la faz...”), como si en medio del despojo persistiera una chispa de ironía o de impulso vital. Esa oscilación hacia “un radiante optimismo” puede leerse como sarcasmo o como supervivencia del instinto de vida; en cualquier caso, introduce matices en la voz poética y la rescata de la pura desesperanza. Las imágenes finales —“plumas mareadas sin prisa”, “gozoso saqueo del vuelo”— funcionan como un leve ascenso simbólico, una apertura hacia la posibilidad de movimiento, aunque sea en un espacio incierto.

En suma, este poema exhibe una sólida coherencia simbólica y una madurez notable. Su estructura interrogativa, su imaginería orgánica y su ritmo pausado construyen una atmósfera de introspección que hace dialogar la decadencia con la persistencia de la mirada creadora. La dicción es sobria, precisa y cargada de tensión semántica: cada imagen responde a una línea ética de pensamiento sobre la condición humana, sobre el sobrevivir incluso en el despojo. Hay en él una sensibilidad que enlaza lo metafísico con lo terreno, lo trágico con lo leve: una lucidez que contempla el vacío sin renunciar del todo al vuelo.
Muchas gracias, me deja mucho aprendizaje el análisis.
 

GabrielaAnaya

Nuevo Miembro
No cabría cambiar ni una "coma" al extenso y fundamentado análisis que ha hecho sobre tu obra Francisco Rubén. Coincido en que se aprecian signos de introspección y desesperanza en tu obra, lo que le da un toque de cierta melancolía.

Saludos cordiales.

P.D. En todas tus intervenciones, aparece el mensaje de "Spam". Cuando esto ocurre, el sistema está avisando de que en todas las publicaciones se está haciendo uso de la I.A., y esto no es lo deseable. Es cierto que hoy en día, a través de ChatGPT, Copilot, Géminis, etc., se pueden componer y publicar obras casi perfectas, pero que no tienen ningún valor por no haber sido creadas por personas.
Hola, no sé porque pasa. El poema lo escribí yo, a lo mucho se lo mostré a chat gpt para que me hiciera un análisis, porque no tenía a quien mostrárselo; pero todo lo escrito es de mi autoría.
 
Hola Gabriela, tranquila, no te lo decía a tí. Porque no has publicado màs que uno solo. Seguramente lo debe decir por mi y si no es por él, no me doy cuenta de que me estaba sucediendo esto.
Hace porco màs de cuatro meses estaba tendiendo este problema, mi navehador estaba poseído por una inteligencia artificial y todo lo que enviaba me aparecía como generado por IA.
Dios me libre, hoy me han limpiado mi computadora y espero se haya resuelto el problema.
Agradezco avisarme y enviarme caoturas de pantalla de estas situaciones a mi correo franciscojorquera@hotmail.com

Saludos y que tengan buena jornada.

Gracias nuevamente José Luis.
 

José Luis Blázquez

JURADO - MODERADOR de los Foros de Poética Clásica
No comprendo la razón por la que todo lo que publica o comenta Gabriela aparece como "Spam". Intentaré hablar con la Administración para conocer el motivo.
Gracias por vuestras aclaraciones.
 

José Luis Blázquez

JURADO - MODERADOR de los Foros de Poética Clásica
La Administración me ha informado que ese mensaje de “Spam” aparece por un error que están tratando de investigar. No es, por tanto, indicativo de que se haya hecho uso de la I.A para generar cualquier tipo de publicación en este Foro.

Desde aquí presento mis sinceras disculpas a la Poetisa GabrielaAnaya, al Poeta Francisco Rubén Jorquera, y a cuantos hayan podido sentirse aludidos por mis desafortunados comentarios, fruto del desconocimiento de los hechos que nos ocupan.

Un cálido abrazo.
 
Me dieron un buen susto con la máquina,
pero al final resultó terapéutico.

El técnico, un poeta del desarme,
me dejó el notebook en estado orgánico,
casi vegetal,
incluso analógico —palabra en extinción.

Yo me reí: ¡qué manera de hablar!

Tenía licencia Windows 11 Pro,
Microsoft 365,
Copilot volando en círculos más arriba…

Todo en regla:
la Inteligencia Artificial activada,
mi Office con alma digital.

Cualquier cosa que escribiera
podía ser atribuida a la Máquina.

Ahora no:
la desactivé.

Desde hoy,
solo quedamos mi tecla rota
y yo,
practicando
la antigua ciencia del
anti–verso.
 

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