La vejez
Al entrar en los años
me hice acompañar del
sosiego.
Afronté los obstáculos
con la dignidad del guerrero,
sin armas, ni escudo,
sólo con el corazón abierto;
aunque, de vez en cuando,
un frío gélido, desconcertante,
te va dejando medio muerto.
Puñaladas, zancadillas, desamor,
te abren...