• Sabías que puedes registrarte o ingresar a tu cuenta directamente desde facebook con el botón de facebook en la parte superior de la página?

Jardín

Valeria

Miembro Conocido
Jardín

Salí al jardín, mas la espesura y el lujo
no habitan aquí, sino en la palabra: «jardín».
Ella, con la hermosura de las rosas plenas,
nutre el oído, el olfato y la mirada.

Es más vasta la palabra que el paisaje:
en ella se está libre y a resguardo, en ella,
la orfandad de los brotes afianzados
es adoptada por la tierra negra.

Semillero de ignotas novedades,
oh, palabra «jardín» —cual jardinero—,
bajo el brillo y fragor de las tijeras,
prolongas y multiplicas tu linaje.

Cupieron en tu amplitud liberada
la hacienda y el destino de una familia
que ya no existe, y aquel desteñido
color blanco del banco del jardín.

Eres más fértil que la misma tierra,
tú nutres raíces de copas ajenas;
eres el roble, el hueco, Dubrovsky, el correo
de corazones y palabras: la sangre y el amor.

Tu umbría espesura de ramas
siempre es oscura, mas ante el calor
¿por qué se ha inclinado, turbada,
la enamorada sombrilla de encaje?

¿Acaso no soy yo, que busco una mano lánguida,
quien se raspa la rodilla en la grava?
Jardinero mendigo y descarado,
¿qué es lo que busco, hacia dónde me inclino?

Y, si he salido, ¿entonces hacia dónde
he salido al final? Es mayo, y el lodo es firme.
Salí al páramo de la decadencia
y en él leí que la vida ha pasado.

¡Ha pasado! ¿Hacia dónde tenía tanta prisa?
Apenas probó de los labios mudos
el seco tormento, y me hizo saber
que todo es para siempre, y yo, solo un instante.

Un instante en el que ni a mí, ni al jardín,
conseguí contemplar con hondura.
«Salí al jardín», he dejado escrito.
¿De verdad lo escribí? Entonces, existe

¿al menos algo? Sí lo hay, y es asombroso
que salir al jardín no es marchar, ni dar un paso.
Yo no he salido a ninguna parte.
Yo, simplemente, lo escribí de este modo:
«Salí al jardín»...


(hay abajo una versión en versos eneasílabos con rima cruzada)


Salí al jardín, mas la gran pompa
no vive allí, sino en la voz;
con el fulgor de aquella rosa
nutre el olfato y el color.

Es más inmensa la floresta:
allí hay resguardo e ilusión;
la orfandad de la planta tierna
adopta el negro socavón.

Semilla de las novedades,
oh, voz "jardín", cual cuidador,
con las tijeras y sus lances
prolongas todo tu verdor.

Cabe en tu espacio liberado
de una familia el porvenir
que ya no vive, y aquel blanco
color del banco del jardín.

Eres más fértil que la tierra,
nutres raíces, otra flor;
Dubrovsky, roble y la estafeta
de corazones y de amor.

Tu espesura que es tan sombría
siempre es oscura, mas al sol,
¿por qué se inclina, confundida,
la sombrilla de aquel amor?

¿No soy yo, que busco una mano,
quien se raspa en el pedregal?
Jardinero pobre y osado,
¿qué es lo que busco yo al final?

Y, si salí, ¿hacia qué lado
salí al final? Mayo y su sed.
Salí a un páramo arruinado
y en él leí que ya se fue.

¡Pasó! ¿Por qué tenía prisa?
Apenas si logró rozar
el seco labio, y ya me avisa:
todo es eterno, y yo, fugaz...

Fugaz, donde ni a mí, ni al patio
logré mirar con detención.
"Salí al jardín", dejé trazado.
¿Dejé trazado? Entonces, hoy

¿al menos queda algún destello?
Que no hay un paso que marchar.
No he salido a ningún sendero.
Tan solo lo escribí yo acá:
«Salí al jardín»...
 

José Luis Blázquez

JURADO - MODERADOR de los Foros de Poética Clásica
¡Excelente, Valeria! Las 2 versiones que muestras dan una idea de tu capacidad creativa. Personalmente, me quedo con la versión en eneasílabos, aunque las 2 son bonitas.

Saludos.
 
El poema no describe un jardín real, sino la palabra «jardín» como sustituto ontológico. La poeta (rusa que escribe en español) convierte el significante en territorio: el lenguaje es más fértil y vasto que el paisaje.

La conciencia lingüística del texto es notable. Bugorskaya maneja el español con extrañeza productiva, como una rusa que ha aprendido el idioma en los libros y no en las calles—lo que le da un tono libresco, casi litúrgico, que combina bien con el tema. La idea del vocablo como hábitat es original y está bien desarrollada. La inclusión de Dubrovsky es un guiño culto que premia al lector avisado. A veces, el poema, en su afán de autorreflexión, cae en un narcisismo lingüístico que roza el truco. Decir «la palabra es más vasta que el paisaje» es un lugar común de la poesía del siglo XX. Bugorskaya lo revitaliza con su origen ruso y su pulso elegíaco, pero no logra trascenderlo del todo. El final, aunque brillante, es previsible: el poema que habla de sí mismo como ficción. Hubiera sido más osado afirmar el jardín, no negarlo.

Hay dos textos—uno en verso libre (más discursivo y audaz) y otro en eneasílabos con rima cruzada (más concentrado pero con algunos, mínimos, ripios y rimas forzadas). La métrica no supera a la libertad; la poeta rinde mejor en el primer registro.

El yo lírico se burla de su propio romanticismo (la «mano lánguida», la sombrilla de encaje) y se reconoce como «jardinero mendigo y descarado» que no cultiva nada, solo escarba en la grava del lenguaje.

El jardín se trueca en páramo; la vida pasa sin motivo. El poema concluye que la escritura es un acta de no-existencia: el yo no ha salido a ningún sitio, solo ha escrito «Salí al jardín». La literatura como ficción de movimiento.

Obra de oficio, sensibilidad y conciencia lingüística, pero lastrada por un exceso de autorreflexión (narcisismo de taller) y cierta previsibilidad. Le falta malicia, sarcasmo, alguna mala hierba. Es un jardín demasiado cuidado; necesita más escombros y menos simetría.

Quizás esté equivocado y esa doble realización entre verso libre y verso métrico sean en realidad una tijera lista para podarnos a nosotros. Quizás esas sea su malicia. Excelente poema Valeria.
 
Esa misma frase, desarrollada, ha creado un jardín, tu jardín arquetípico, con sus claros y oscuros, este poema me resulta refrescante aparte de ser muy reflexivo y profundo.
Mi aplauso.
 
Hoy he decidido volver a leer este poema porque me ha gustado mucho, su mensaje profundo y su bella sonoridad y ritmo. Incluso en el verso libre consigue una cierta formalidad, es siertamente un poema bello. Me ha dejado otra reflexión.

"Jardín" es un poema profundamente metalingüístico y existencial. Valeria utiliza el concepto del jardín no como un mero escenario de la naturaleza, sino como un símbolo del refugio que ofrece la literatura y la palabra escrita frente a un mundo físico decadente y a una vida humana cruelmente fugaz. Es un hermoso tributo a la capacidad del lenguaje para crear universos inmortales dentro de los cuales podemos resguardar nuestra memoria y emociones. De alguna manera nos justificas a todos los que participamos en este foro, todos buscamos decir lo que nos has dicho tan claramente, tan poéticamente.

Estamos en el jardín...

Gracias Valeria, por este aporte tan relevante.
 

Valeria

Miembro Conocido
¡Excelente, Valeria! Las 2 versiones que muestras dan una idea de tu capacidad creativa. Personalmente, me quedo con la versión en eneasílabos, aunque las 2 son bonitas.

Saludos.
Muchas gracias maestro José Luis, ciertamente como decía Francisco, ambas versiones son complementarias, vienen a ser un par de tjieras para cortar la falsa creencia de que el verso libre deja fuera la poesía; ambas pueden coexistir y se pueden usar para dar un valor mayor al mensaje por sobre la forma. Ustedes elijan, pero sepan que elegir es ya un acto de amputación.

Esa misma frase, desarrollada, ha creado un jardín, tu jardín arquetípico, con sus claros y oscuros, este poema me resulta refrescante aparte de ser muy reflexivo y profundo.
Mi aplauso.
Eres un crítico amable, casi terapéutico: el poema como bálsamo. Pero aquí hay un riesgo: la palabra «arquetípico» puede disolver la singularidad de mi texto. Si el jardín es solo un arquetipo (el Edén, el locus amoenus, el huerto cerrado), entonces mi escrito se vuelve un espécimen más de una tradición, no una intervención de mi parte.

Sin embargo, aciertas al señalar los «claros y oscuros»—es decir, la tensión entre luz y sombra, entre la palabra que nutre y el páramo al que se sale. Eso sí es mi poema.

De alguna manera nos justificas a todos los que participamos en este foro, todos buscamos decir lo que nos has dicho tan claramente, tan poéticamente.
Estamos en el jardín...
esto no es el concurso de tercetos encadenados, lo que propones torna mi poema al colectivismo. Es una lectura conmovedora y legítima, pero también peligrosamente complaciente, eso, aunque humano, traiciona la dureza de mi texto. no estoy diciendo «escribamos para inmortalizarnos»; estoy diciendo «escribo, y ni siquiera sé si eso me saca de mí». El consuelo es posterior y, quizás, ilusorio.


Creo y sostengo que el pensamiento que los poetas mostramos en nuestros escritos no pueden ser solo una cáscara vacía de métrica perfecta, sino que nuestra obra debe estar recubierta de un pensamiento, una filosofía que intente explicar algo más que un momento pasajero... como decía el hermoso poeta de España don Antonio Machado, en sus perfectos alejandrinos de su poema Retrato:

"Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna. "

Así, en mi poema jardín intento filosofar respecto a mi destino, lo que me resta por vivir y desarrollarme en mi carrera, considerando los obstáculos de la guerra y sus gobernantes, a pesar de ella surge esa tierra negra fértil que me nutre.
 
Tienes toda la razón, pero no retiro mi análisis porque es lo que entendí y descubrí, en eso no tienes opciones de elegir... pero te felciito es un muy buen poema.
A propósito de buenos poemas, hace unos días tuve un encuentro con una maestra de lenguaje, ya de la tercera edad y me contaba que en su juventud ella perdió todos sus escritos al subirlos a un tren al que no pudo abordar, dejándolos olvidados en esas vías de hierro y me acordé inmediatamente de tu poema de La muñeca, me inspiró para escribir acerca de esto, unos versos para esta profesora jubilada que aún recuerda sus poemas perdidos.

Los dejaré en este mismo foro. Saludos Valeria.
 

RADIO EN VIVO

Donar

Versos Compartidos en Facebook

Arriba