Jardín
Salí al jardín, mas la espesura y el lujo
no habitan aquí, sino en la palabra: «jardín».
Ella, con la hermosura de las rosas plenas,
nutre el oído, el olfato y la mirada.
Es más vasta la palabra que el paisaje:
en ella se está libre y a resguardo, en ella,
la orfandad de los brotes afianzados
es adoptada por la tierra negra.
Semillero de ignotas novedades,
oh, palabra «jardín» —cual jardinero—,
bajo el brillo y fragor de las tijeras,
prolongas y multiplicas tu linaje.
Cupieron en tu amplitud liberada
la hacienda y el destino de una familia
que ya no existe, y aquel desteñido
color blanco del banco del jardín.
Eres más fértil que la misma tierra,
tú nutres raíces de copas ajenas;
eres el roble, el hueco, Dubrovsky, el correo
de corazones y palabras: la sangre y el amor.
Tu umbría espesura de ramas
siempre es oscura, mas ante el calor
¿por qué se ha inclinado, turbada,
la enamorada sombrilla de encaje?
¿Acaso no soy yo, que busco una mano lánguida,
quien se raspa la rodilla en la grava?
Jardinero mendigo y descarado,
¿qué es lo que busco, hacia dónde me inclino?
Y, si he salido, ¿entonces hacia dónde
he salido al final? Es mayo, y el lodo es firme.
Salí al páramo de la decadencia
y en él leí que la vida ha pasado.
¡Ha pasado! ¿Hacia dónde tenía tanta prisa?
Apenas probó de los labios mudos
el seco tormento, y me hizo saber
que todo es para siempre, y yo, solo un instante.
Un instante en el que ni a mí, ni al jardín,
conseguí contemplar con hondura.
«Salí al jardín», he dejado escrito.
¿De verdad lo escribí? Entonces, existe
¿al menos algo? Sí lo hay, y es asombroso
que salir al jardín no es marchar, ni dar un paso.
Yo no he salido a ninguna parte.
Yo, simplemente, lo escribí de este modo:
«Salí al jardín»...
(hay abajo una versión en versos eneasílabos con rima cruzada)
Salí al jardín, mas la gran pompa
no vive allí, sino en la voz;
con el fulgor de aquella rosa
nutre el olfato y el color.
Es más inmensa la floresta:
allí hay resguardo e ilusión;
la orfandad de la planta tierna
adopta el negro socavón.
Semilla de las novedades,
oh, voz "jardín", cual cuidador,
con las tijeras y sus lances
prolongas todo tu verdor.
Cabe en tu espacio liberado
de una familia el porvenir
que ya no vive, y aquel blanco
color del banco del jardín.
Eres más fértil que la tierra,
nutres raíces, otra flor;
Dubrovsky, roble y la estafeta
de corazones y de amor.
Tu espesura que es tan sombría
siempre es oscura, mas al sol,
¿por qué se inclina, confundida,
la sombrilla de aquel amor?
¿No soy yo, que busco una mano,
quien se raspa en el pedregal?
Jardinero pobre y osado,
¿qué es lo que busco yo al final?
Y, si salí, ¿hacia qué lado
salí al final? Mayo y su sed.
Salí a un páramo arruinado
y en él leí que ya se fue.
¡Pasó! ¿Por qué tenía prisa?
Apenas si logró rozar
el seco labio, y ya me avisa:
todo es eterno, y yo, fugaz...
Fugaz, donde ni a mí, ni al patio
logré mirar con detención.
"Salí al jardín", dejé trazado.
¿Dejé trazado? Entonces, hoy
¿al menos queda algún destello?
Que no hay un paso que marchar.
No he salido a ningún sendero.
Tan solo lo escribí yo acá:
«Salí al jardín»...
Salí al jardín, mas la espesura y el lujo
no habitan aquí, sino en la palabra: «jardín».
Ella, con la hermosura de las rosas plenas,
nutre el oído, el olfato y la mirada.
Es más vasta la palabra que el paisaje:
en ella se está libre y a resguardo, en ella,
la orfandad de los brotes afianzados
es adoptada por la tierra negra.
Semillero de ignotas novedades,
oh, palabra «jardín» —cual jardinero—,
bajo el brillo y fragor de las tijeras,
prolongas y multiplicas tu linaje.
Cupieron en tu amplitud liberada
la hacienda y el destino de una familia
que ya no existe, y aquel desteñido
color blanco del banco del jardín.
Eres más fértil que la misma tierra,
tú nutres raíces de copas ajenas;
eres el roble, el hueco, Dubrovsky, el correo
de corazones y palabras: la sangre y el amor.
Tu umbría espesura de ramas
siempre es oscura, mas ante el calor
¿por qué se ha inclinado, turbada,
la enamorada sombrilla de encaje?
¿Acaso no soy yo, que busco una mano lánguida,
quien se raspa la rodilla en la grava?
Jardinero mendigo y descarado,
¿qué es lo que busco, hacia dónde me inclino?
Y, si he salido, ¿entonces hacia dónde
he salido al final? Es mayo, y el lodo es firme.
Salí al páramo de la decadencia
y en él leí que la vida ha pasado.
¡Ha pasado! ¿Hacia dónde tenía tanta prisa?
Apenas probó de los labios mudos
el seco tormento, y me hizo saber
que todo es para siempre, y yo, solo un instante.
Un instante en el que ni a mí, ni al jardín,
conseguí contemplar con hondura.
«Salí al jardín», he dejado escrito.
¿De verdad lo escribí? Entonces, existe
¿al menos algo? Sí lo hay, y es asombroso
que salir al jardín no es marchar, ni dar un paso.
Yo no he salido a ninguna parte.
Yo, simplemente, lo escribí de este modo:
«Salí al jardín»...
(hay abajo una versión en versos eneasílabos con rima cruzada)
Salí al jardín, mas la gran pompa
no vive allí, sino en la voz;
con el fulgor de aquella rosa
nutre el olfato y el color.
Es más inmensa la floresta:
allí hay resguardo e ilusión;
la orfandad de la planta tierna
adopta el negro socavón.
Semilla de las novedades,
oh, voz "jardín", cual cuidador,
con las tijeras y sus lances
prolongas todo tu verdor.
Cabe en tu espacio liberado
de una familia el porvenir
que ya no vive, y aquel blanco
color del banco del jardín.
Eres más fértil que la tierra,
nutres raíces, otra flor;
Dubrovsky, roble y la estafeta
de corazones y de amor.
Tu espesura que es tan sombría
siempre es oscura, mas al sol,
¿por qué se inclina, confundida,
la sombrilla de aquel amor?
¿No soy yo, que busco una mano,
quien se raspa en el pedregal?
Jardinero pobre y osado,
¿qué es lo que busco yo al final?
Y, si salí, ¿hacia qué lado
salí al final? Mayo y su sed.
Salí a un páramo arruinado
y en él leí que ya se fue.
¡Pasó! ¿Por qué tenía prisa?
Apenas si logró rozar
el seco labio, y ya me avisa:
todo es eterno, y yo, fugaz...
Fugaz, donde ni a mí, ni al patio
logré mirar con detención.
"Salí al jardín", dejé trazado.
¿Dejé trazado? Entonces, hoy
¿al menos queda algún destello?
Que no hay un paso que marchar.
No he salido a ningún sendero.
Tan solo lo escribí yo acá:
«Salí al jardín»...
