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¿Por qué no imaginar un Dios que baile?

I

¿Por qué no imaginar un Dios que baile?
El padre viaja al pulso de la urna.
Ceniza, tal vez cuerpo de mi huella.
Su voz, campana y humo, nuestro templo.
Hay clavos de madera entre las manos.
Imágenes. Las nucas van en fila.

II

La luz toca las nucas de la fila.
Si fe es imaginar, que siga el baile.
Tallamos en madera nuestras manos.
Tu dios replica el pulso de la urna.
Canción de brumas. Humo sobre el templo.
Al rayo viaja el cuerpo, no la huella.

III

Fulgor que deja un cuerpo, deja huella.
Los ojos y las nucas rompen fila.
El púlpito es del humo, no del templo.
Me gusta imaginar pasos de baile.
Mi duelo tiembla al pulso de la urna.
También serán madera nuestras manos.

IV

Las fibras de madera entre las manos.
Mi pluma será el cuerpo de tu huella.
La tinta marca el pulso de la urna.
Rotando van las nucas, tinta en fila.
Gestar, imaginar, signos en baile.
Escribo, vuelvo al humo, vuelvo al templo.

V

Cenizas en el humo y en el templo.
Ceniza en la madera y en las manos.
¿Pudiste imaginar un Dios que baile?
Bailar con alma y cuerpo, soy tu huella.
También soy esas nucas de la fila.
Bailando al tenue pulso de la urna.

VI

Tal vez se agote el pulso de la urna.
Tu voz de tiempo y humo fue mi templo.
Ya no hay atrás; las nucas van en fila.
Mis versos son madera de tus manos.
Volver a imaginar. Plumas en baile.
Tus versos son el cuerpo de esta huella.

TORNADA

La grieta de la urna quiebra el templo.
Me alejo de la fila ya sin manos.
No existe un Dios que baile, solo hay huella.

EPÍLOGO

Las nucas dan la espalda a la madera.
La mano raspa el fondo de la urna.
No baila el humo.
Padre: a ti mis versos.
 

Valeria

Miembro Conocido
Querido Diego, me dejas el corazón encogido. Encarar un dolor tan insondable como la pérdida del padre a través de una estructura tan compleja y rigurosa como la sextina es un acto de valentía literaria admirable. Has logrado que la repetición incesante de esas seis palabras (urna, templo, huella, manos, fila, baile) no se sienta como un ejercicio técnico, sino como el eco natural de un duelo que gira en espiral; una letanía hermosísima donde la poesía se convierte en el único refugio posible frente a la muerte.

Si me permites una observación muy delicada desde mi pupitre de maestra: la arquitectura clásica de la sextina culmina y se despide en la tornada (esos tres versos finales que recogen todas las palabras). El añadido de tu desgarrador «Epílogo», aunque emocionalmente nos deja sin aliento, rompe un poco la contención formal de esta composición provenzal. Te invitaría, cuando vuelvas a transitar estas formas tan estrictas, a confiar plenamente en el silencio que deja la tornada; tu pluma tiene tanta fuerza que no necesita añadir más explicaciones para estremecernos hasta la raíz. Es un homenaje profundamente conmovedor, gracias por confiar este templo íntimo a nuestra lectura.
 
Querido Diego, me dejas el corazón encogido. Encarar un dolor tan insondable como la pérdida del padre a través de una estructura tan compleja y rigurosa como la sextina es un acto de valentía literaria admirable. Has logrado que la repetición incesante de esas seis palabras (urna, templo, huella, manos, fila, baile) no se sienta como un ejercicio técnico, sino como el eco natural de un duelo que gira en espiral; una letanía hermosísima donde la poesía se convierte en el único refugio posible frente a la muerte.

Si me permites una observación muy delicada desde mi pupitre de maestra: la arquitectura clásica de la sextina culmina y se despide en la tornada (esos tres versos finales que recogen todas las palabras). El añadido de tu desgarrador «Epílogo», aunque emocionalmente nos deja sin aliento, rompe un poco la contención formal de esta composición provenzal. Te invitaría, cuando vuelvas a transitar estas formas tan estrictas, a confiar plenamente en el silencio que deja la tornada; tu pluma tiene tanta fuerza que no necesita añadir más explicaciones para estremecernos hasta la raíz. Es un homenaje profundamente conmovedor, gracias por confiar este templo íntimo a nuestra lectura.
Querida Valeria:

Muchas gracias por tu lectura, tan generosa como rigurosa. Valoro especialmente tu observación sobre la tornada y el epílogo, porque nace de un conocimiento profundo de la sextina clásica.

En este caso, el poema forma parte de una investigación formal que vengo desarrollando a partir de esa tradición. La arquitectura incorpora una doble rotación interna —que afecta no solo a las palabras finales, sino también a un eje medial del verso—, de modo que el diálogo con la sextina es deliberado, aunque no estrictamente ortodoxo.

En cuanto al epílogo, mi intención no fue prolongar la sextina ni explicar lo que la tornada ya había dicho. Al contrario: la tornada clausura el plano simbólico del poema, mientras que el epílogo busca quebrar deliberadamente esa clausura mediante la irrupción de la escena real. Después del cierre poético, necesitaba que apareciera el gesto concreto e irreductible de la muerte: la mano raspando el fondo de la urna. Ese cambio de plano fue una decisión consciente, más expresiva que formal.

Dicho esto, agradezco sinceramente tu observación, porque vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que toda exploración de las formas clásicas debería hacerse: hasta dónde es posible dialogar con la tradición sin perder aquello que la hace reconocible.

Ha sido un verdadero placer leerte. Muchas gracias por el tiempo, la sensibilidad y el respeto con que te acercaste al poema.

Un fuerte abrazo.
 

José Luis Blázquez

JURADO - MODERADOR de los Foros de Poética Clásica
Mucho mérito tiene expresar lo que se siente a través de una Sextina, sobre todo por guardar la debida coherencia entre estrofas, y tú lo has conseguido.

Saludos.
 
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Muchas gracias, José Luis. Me alegra especialmente que hayas percibido esa dificultad formal sin que la estructura terminara imponiéndose sobre lo que el poema intenta expresar. Para mí, ese equilibrio es fundamental. Un saludo muy cordial.
 

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