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¿Por qué no imaginar un Dios que baile?

Diego Martin Galvez

Nuevo Miembro
I

¿Por qué no imaginar un Dios que baile?
El padre viaja al pulso de la urna.
Ceniza, tal vez cuerpo de mi huella.
Su voz, campana y humo, nuestro templo.
Hay clavos de madera entre las manos.
Imágenes. Las nucas van en fila.

II

La luz toca las nucas de la fila.
Si fe es imaginar, que siga el baile.
Tallamos en madera nuestras manos.
Tu dios replica el pulso de la urna.
Canción de brumas. Humo sobre el templo.
Al rayo viaja el cuerpo, no la huella.

III

Fulgor que deja un cuerpo, deja huella.
Los ojos y las nucas rompen fila.
El púlpito es del humo, no del templo.
Me gusta imaginar pasos de baile.
Mi duelo tiembla al pulso de la urna.
También serán madera nuestras manos.

IV

Las fibras de madera entre las manos.
Mi pluma será el cuerpo de tu huella.
La tinta marca el pulso de la urna.
Rotando van las nucas, tinta en fila.
Gestar, imaginar, signos en baile.
Escribo, vuelvo al humo, vuelvo al templo.

V

Cenizas en el humo y en el templo.
Ceniza en la madera y en las manos.
¿Pudiste imaginar un Dios que baile?
Bailar con alma y cuerpo, soy tu huella.
También soy esas nucas de la fila.
Bailando al tenue pulso de la urna.

VI

Tal vez se agote el pulso de la urna.
Tu voz de tiempo y humo fue mi templo.
Ya no hay atrás; las nucas van en fila.
Mis versos son madera de tus manos.
Volver a imaginar. Plumas en baile.
Tus versos son el cuerpo de esta huella.

TORNADA

La grieta de la urna quiebra el templo.
Me alejo de la fila ya sin manos.
No existe un Dios que baile, solo hay huella.

EPÍLOGO

Las nucas dan la espalda a la madera.
La mano raspa el fondo de la urna.
No baila el humo.
Padre: a ti mis versos.
 

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