Hola Ana... y cuanta ternura en tu comentario.
Y es que añoro la sonrisa en una mirada, añoro esos ojos que, callados, lo dicen todo.
La prudencia está en la boca, con ella decimos, o callamos, lo que la conciencia nos dicta. Pero los ojos... No, los ojos jamás callan, reflejando lo que siente...