Arturo González
Miembro Activo
¡Oh Dulces Naranjos Que Me Rodean!
¡Oh dulces naranjos que me rodean
Cuando las occidentales sombras cubren la tierra!
Bajo su lóbrego imperio mi alma se sosiega
Cuando esta ciudad entra en guerra.
¡Oh bruscos vientos, verdes llanos,
Soles nacientes y cielos pardos!
Hagan su fiesta por mi alma en vela.
¡Oh enjutos reinos por mi mal habidos!
¡Cuanto llené sus calles con mis alaridos
Mientras sus padres e hijos yacían dormidos,
Y manché sus cornisas con pies raídos!
Yo la vi, la vi cuando dormía en el lecho sombrío,
Y su paso seguido del llanto de Eolos,
La vi caminando junto al río
Con frente blanca y con altivo rostro.
¡Oh, artífice de miradas,
Dame tu mano franca,
Dame tu orgullo febril, y líbrame del olvido!
¡Oh dulces nardos por mi bien amados
De su fibra y su tálamo he hecho mi pecado!
Apelé un día sus flores y olores libados;
¿Cuando se decidirán y asestarán sus dardos?
Noches arabescas y cantos del este
Nos vuelven furtivos bajo esta cueva celeste;
La tierra roja y la semilla fría
Concibieron y dieron a luz en nuestra celosía.
¡Luz es lo que te doy! ¡Luz, alma mía!
Conozco tu flor y conozco tu espina,
Puedo comprar tus ojos y comprar tu tierra baldía.
¡Oh dulces naranjos que me rodean
Cuando las occidentales sombras cubren la tierra!
Bajo sus lúgubres brazos mi mente vuelve a verla,
Y sin buscarla, mi alma la espera.
¡Oh dulces naranjos que me rodean
Cuando las occidentales sombras cubren la tierra!
Bajo su lóbrego imperio mi alma se sosiega
Cuando esta ciudad entra en guerra.
¡Oh bruscos vientos, verdes llanos,
Soles nacientes y cielos pardos!
Hagan su fiesta por mi alma en vela.
¡Oh enjutos reinos por mi mal habidos!
¡Cuanto llené sus calles con mis alaridos
Mientras sus padres e hijos yacían dormidos,
Y manché sus cornisas con pies raídos!
Yo la vi, la vi cuando dormía en el lecho sombrío,
Y su paso seguido del llanto de Eolos,
La vi caminando junto al río
Con frente blanca y con altivo rostro.
¡Oh, artífice de miradas,
Dame tu mano franca,
Dame tu orgullo febril, y líbrame del olvido!
¡Oh dulces nardos por mi bien amados
De su fibra y su tálamo he hecho mi pecado!
Apelé un día sus flores y olores libados;
¿Cuando se decidirán y asestarán sus dardos?
Noches arabescas y cantos del este
Nos vuelven furtivos bajo esta cueva celeste;
La tierra roja y la semilla fría
Concibieron y dieron a luz en nuestra celosía.
¡Luz es lo que te doy! ¡Luz, alma mía!
Conozco tu flor y conozco tu espina,
Puedo comprar tus ojos y comprar tu tierra baldía.
¡Oh dulces naranjos que me rodean
Cuando las occidentales sombras cubren la tierra!
Bajo sus lúgubres brazos mi mente vuelve a verla,
Y sin buscarla, mi alma la espera.
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