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¡POR DIOS Y QUÉ DESACATO..! - Cantiga

¡Por Dios y qué desacato
ha cometido el Prior!
Tildarme de bebedor
es buscar tres pies al gato.
¡Pero si yo no lo cato
ya va para veinte años,
pues me causó graves daños
sofocones y perjuicio!
Es sacar todo de quicio
y más delante de extraños.

Respecto a lo del bromuro,
mejor que me den Viagra
revuelta con carne magra.
Es la verdad, lo aseguro.
Que a mí se me pone duro
sólo el pan para la cena
si lo dejo en la alacena
y de cenar no me acuerdo.
De lo demás, ni el recuerdo
me queda. ¡Por Dios, qué pena!

De aquél de ayer poderío
apenas guardo memoria.
Lo mismo ocurrió en la Historia
con el de los Tercios brío.
Que ya seco se halla el río
que dije que hubo en Europa:
Al final, con tanta estopa,
nos retiramos de todo.
Como sea, de algún modo,
bien nos dieron por la popa.

Pero vamos al asunto
de la cantiga en cuestión:
Fue un sueño o una ilusión
de mi amada estar muy junto.
Pero pese a ser mi adjunto
no le debo explicaciones.
Téngame en sus oraciones
y aquí paz y después Gloria.
De manera perentoria
pondré fin a esas cuestiones.

Si me encuentro enamorado
es tema que no interesa
y que no causa sorpresa
a ningún follón menguado.
Es mi natural estado,
en el que siempre he vivido
pues, al parecer he sido
un varón con mucha suerte.
Mas, ya cercana la Muerte,
mejor dejarlo al olvido.

Sí es novicia. ¡Qué remedio,
si no salgo del lugar!.
¡Una belleza sin par!
¡Nadie se meta por medio!
Y yo no le puse asedio,
ella en mis brazos cayó
o el anzuelo me arrojó,
poniendo rica carnada.
Dijo estar enamorada
y que su amor era yo.

Es que soy guapo, ¡pardiez!,
que esta tarde me lo ha dicho
una joven y mal bicho
no debo ser a su vez.
Aunque, puesto en la vejez,
ya no me sirva de nada,
que aquello es agua pasada
que ya no mueve molino.
Pero sí me encalabrino
al decirlo una monada.

Dijo que mis ojos son
verdes como la esmeralda.,
pero tengo yo la espalda
igual que un acordeón.
Así es la eterna canción
del mozo llegado a viejo
que ya sólo es el reflejo
de lo que fuese algún día:
Tiene muy poca alegría
pero le sobra pellejo.

¿Quiere el nombre? ¡No hay dinero
capaz de abrirme la boca
y firme como una roca
desafío al mundo entero!
Porque nací caballero
y mi palabra es sagrada.
Ya sabe, en boca callada
no entran moscas. ¡No me pida
que le arranque a usted la vida!
¡Basta con llamarla amada!

Los hábitos colgaré
se ponga como se ponga
y lo que el Buen Dios disponga
eso es justo lo que haré.
En ella puse mi fe
y mi amor y mi hidalguía.
Lo demás es cosa mía.
¿Me he de marchar del convento?
Pues mire cuánto lo siento...
¡Perdóneme que me ría!

Acabemos el relato.
¡A ver, presto, Fray Papilla,
endílgueme esa pastilla
que le he pedido hace rato!
Y vamos a hacer un trato:
¡Cada cual a su tarea
que ya bailé a la más fea
tiempo más que suficiente!
Si hoy tengo un nuevo aliciente
¡bendito, bendito sea!
 
También a mí, José Luis, coincidimos en el gusto. Y no es que los versos sean malos, pero no fluyen tan espontáneos como en la anterior.
Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, exceptuando la de EL QUIJOTE :), y van a llevar razón.
Pero tenía que responderle a mi segundo en el mando. Quien, por cierto, también escribió una buena cantiga.
Muchas gracias por tu tiempo, amigo.
Abrazos.
 

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