Ha muerto el siglo de oro. ¡Qué percance
para la vanidad del escribano!
Al pie de una cuartilla en paz descanse
el ruido conceptista y culterano.
¿Nombrar la trascendencia? ¡Qué eufemismo!
También murió el fantasma neoclásico,
no por edad ni de romanticismo.
El corazón fue siempre un medio básico.
El péndulo, la rueda, la memoria,
el aire contumaz y posmoderno
pueden incorporarse a la subasta.
¿A qué tanto revuelo y tanta euforia?
Estamos a las puertas del infierno,
el reino del primer iconoclasta.
para la vanidad del escribano!
Al pie de una cuartilla en paz descanse
el ruido conceptista y culterano.
¿Nombrar la trascendencia? ¡Qué eufemismo!
También murió el fantasma neoclásico,
no por edad ni de romanticismo.
El corazón fue siempre un medio básico.
El péndulo, la rueda, la memoria,
el aire contumaz y posmoderno
pueden incorporarse a la subasta.
¿A qué tanto revuelo y tanta euforia?
Estamos a las puertas del infierno,
el reino del primer iconoclasta.
