Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Al calor de la tarde, no fue poco,
se secaron los sesos de Quijano.
¡Pobrecillo el hidalgo, ayer tan sano,
que de tanto leer se tornó en loco!
Pero dio así comienzo a la leyenda
y su nombre brilló cual jamás antes.
Eso cuenta en su libro el gran Cervantes,
aunque pueda mentir de forma horrenda.
Inventó de tal guisa a Sancho Panza,
y quisiera saber cuál personaje
considera el lector que su mensaje
pesa más que el del otro en la balanza.
Yo me quedo con Sancho, por más sabio,
sin hacerle por ello al otro agravio.
Pues si bueno es el uno, mira el otro:
Los dos hombres honrados, sin malicia.
Aunque a Sancho le tiente la avaricia
y al Quijote le azuce un gran quillotro.
Y es que sufre al pensar que Dulcinea
fácilmente no acepta el devaneo
y le toma por loco a más de feo
cuando es ella, en verdad, la que es muy fea.
Dice tal en su historia el de Lepanto,
¡vaya usted a saber si es eso cierto!
Pues el genio murió y, estando muerto,
puede ser su decir todo un espanto.
Quedaremos, así, siempre en la duda:
¡No sabremos si Aldonza fue velluda!
se secaron los sesos de Quijano.
¡Pobrecillo el hidalgo, ayer tan sano,
que de tanto leer se tornó en loco!
Pero dio así comienzo a la leyenda
y su nombre brilló cual jamás antes.
Eso cuenta en su libro el gran Cervantes,
aunque pueda mentir de forma horrenda.
Inventó de tal guisa a Sancho Panza,
y quisiera saber cuál personaje
considera el lector que su mensaje
pesa más que el del otro en la balanza.
Yo me quedo con Sancho, por más sabio,
sin hacerle por ello al otro agravio.
Pues si bueno es el uno, mira el otro:
Los dos hombres honrados, sin malicia.
Aunque a Sancho le tiente la avaricia
y al Quijote le azuce un gran quillotro.
Y es que sufre al pensar que Dulcinea
fácilmente no acepta el devaneo
y le toma por loco a más de feo
cuando es ella, en verdad, la que es muy fea.
Dice tal en su historia el de Lepanto,
¡vaya usted a saber si es eso cierto!
Pues el genio murió y, estando muerto,
puede ser su decir todo un espanto.
Quedaremos, así, siempre en la duda:
¡No sabremos si Aldonza fue velluda!
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