QUINSONNAS
Miembro Conocido
De amor muriendo un arquero
al cielo lanza una flecha
surcando el aire, maltrecha,
sin ver un blanco certero.
Su propia lápida otea
cayendo, en ella, indecisa
y urgente marca concisa
allí la tumba que ondea.
Indica un punto, clavada,
de forma mutua pactado,
final destino acordado
de aquél Robín y su amada.
Hendida muestra orgullosa
que a tales novios recoge
creando el nicho que acoge
de dos amantes la fosa.
La dama es quién ha tramado
el plan de alzarse en difuntos
bebiendo un sorbo conjuntos
que está, por ella, mezclado.
Su amor, alegre, lo ingiere
sin darse cuenta de nada
feliz mirando a la amada
que, tierna, tanto le quiere.
El mismo trago postrero
después, aquella, se toma
audaz mujer que se asoma
con él a un fin agorero.
En ese instante agoniza
la amarga y triste pareja
con ella hablando en la oreja
del hombre a quién eterniza.
-Amor, aquí moriremos
-le dice casi expirando-
y unidos juntos viajando
al más allá nos iremos.
Te quiero, amor, yo te adoro,
y aquí me tienes contigo
en pos de hallar un abrigo
que guarde bien tal tesoro.
De muerte estamos heridos
habiendo penado en suma
directos hacia una bruma
que arrope nuestros sentidos.
Te fuiste en guerras batiendo
sin yo poder detenerte
y ahora quiero tenerte
conmigo al lado partiendo.
Un cáliz antes probamos,
sabroso un dulce veneno,
mortal un néctar que, pleno,
dirá que pronto nos vamos.
Sintiendo echada la suerte
en vilo está nuestro arquero
notando, ya, venidero
llegarle el drama que advierte.
Reunir intenta frustrado
la poca fuerza que esconde
y a duras penas responde
a todo cuanto ha escuchado.
-A ti me dejas rendido
al ver tamaña osadía
viviendo un trágico día
que no será repetido.
Mi amor, ¿Por qué tal destino?
¿Por qué, mi amor, así has hecho?
¡Si aún quedaba un buen trecho
de andar un mismo camino!
¡Mi amor, respóndeme cielo!
¡Mi amor, contesta sincera!
¿O acaso es esta manera
de hallar un firme consuelo?
La culpa asumo que es mía
estando siempre ocupado,
¡Del todo un hombre cegado
que nunca vio tu agonía!
Acepto, pues, esta forma
de así del mundo eclipsarnos
a un sitio yendo a quedarnos
que paz eterna conforma.
Después de oír tal respuesta
la dama, plácida, expira
e igual, aquél que la mira,
también su adiós ya lo orquesta.
Se apoya en una ventana
tensando, débil, su arco
y luego, rígido y parco,
al viento torna en dïana.
-Sostenme vida maltrecha,
termina, al fin, de juzgarnos,
y juntos logra enterrarnos…
…¡En dónde caiga esta flecha!
Adjuntos
-
20.8 KB Vistas: 11
Última edición:
