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Bien jugaste la partida...

Bien jugaste la partida,
quedándote satisfecha.
No hubo de Cupido flecha.
Fue sexo sin más, querida.
¿Y hoy estás arrepentida
tras demostrar tal contento?
Si el famoso monumento,
del que hablabas al marido,
¿cuántas veces le has mentido?,
no te causó sufrimiento…

Más bien, pues no lo fingías,
te proporcionó placer.
¿Piensas en verdad, mujer,
que decirme eso debías?:
- No llames más, que esos días
llegaron a su final.
Soy casada y soy cabal
abuela, feliz y honrada.-.
Y solté una carcajada
que debió sentarte mal.

Pues sigue así. Del esposo,
con el que vives contenta,
limpia bien la cornamenta
y que la luzca dichoso.
Es tan bello y tan hermoso
el color de su dinero
que hasta yo casi prefiero
que te volvieses con él.
Otras se van al burdel.
Y eso no, ¡te soy sincero!
 
¡No, qué va! Te equivocas, amigo José Luis. :)
Éste es uno de esos poemas que como muy me decía nuestro entrañable Agustín necesitaría de "libro de instrucciones" ;)
Se refiere solamente a que anteayer telefoneé por cortesía y lo más amable que nadie pueda ser a una persona, antigua conocida como narro en las espinelas. Y me hallé con una actitud impropia de quien un día dijo amarme tanto. Simplemente le indiqué que borraría su número y punto pelota.
Entonces ella se dio cuenta de que su manera de tratarme no había sido muy correcta que digamos, pero ya era tarde.
Así que de despecho, poco por no decir nada. Es una historia de hace 16 años que ya está más que olvidada.
Me alegra que te haya gustado el poema, aunque me consta que debí explicar algo sobre él.
Muchas gracias, amigo y compañero.
Abrazos.
 
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