Nicolás Bascialla
Miembro
Rendido cae el cuerpo en la jornada,
y aun la mente rehúsa su reposo;
estira el día en gesto silencioso,
como si burlara su retirada.
No acude voz ni forma imaginada,
todo intento se quiebra perezoso;
y el tiempo, en su fluir trabajoso,
deja la voluntad deshabitada.
Fue largo el día, y ya sobre su borde
no quiero que la noche lo clausure,
como si en su final algo se guarde.
Ya cede el pulso, lento, en su descenso,
y el día, sin decirlo, se clausura;
y caigo con él, mudo y sin regreso
y aun la mente rehúsa su reposo;
estira el día en gesto silencioso,
como si burlara su retirada.
No acude voz ni forma imaginada,
todo intento se quiebra perezoso;
y el tiempo, en su fluir trabajoso,
deja la voluntad deshabitada.
Fue largo el día, y ya sobre su borde
no quiero que la noche lo clausure,
como si en su final algo se guarde.
Ya cede el pulso, lento, en su descenso,
y el día, sin decirlo, se clausura;
y caigo con él, mudo y sin regreso
