Pruden Tercero Nieto
Miembro Activo
Hoy quiero nombrarte, candil,
mientras me desprendo uno a uno de mis compañeros de viaje.
Ellos –tú lo sabes bien- son los globos
de mis bolsillos; su nombre, la savia de estos versos.
Recientes las sonoras carcajadas
del público a causa de mis piruetas en la cuerda floja,
deslizo hacia el suelo mis zapatos blancos
y contemplo, por un instante, al trasluz de tu llama,
cuantos circos, grandes y pequeños,
han visitado estos pies.
Aflojo, la llama prendiendo
perezosa y a sobresaltos en ti, los rojos tirantes
que han conducido, a menudo,
el deambular coqueto y risueño de mis pantalones bombachos.
La bufanda, el paraguas y los guantes
de viajero ocasional se confunden en la comparsa de objetos
que completan ridículas mis prendas interiores.
Desnudo ya ante ti, aceite renovado
en esta despensa de emociones, pulsas en mí
cual trémula llama, cual pálpito escondido,
las palabras de este salmo
y tañes, sin que pueda evitarlo,
la sonrisa de payaso.
