Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Con el cendal al cuello, presurosa,
pasaste, así al albur, por mi camino.
Y me quedé temblando, acobardado,
sin saber, indeciso.
¿A qué viniste, di? Yo no lo quise.
Que recuerde, jamás te lo he pedido.
Pero los dioses ciegan muchas veces
tan sólo por capricho.
Varios trances parejos ya en mi vida
por desgracia viví y al revivirlos
me asustan, me da miedo que retornen.
¡Qué mágico espejismo!
Y no quise volver pero arrastrado
por tus hermosos ojos, por su brillo,
me dije para mí, como si nada:
- ¡Se ve que estaba escrito! -.
Lo que venga después algo es que ignoro...
Para bien, para mal, ¿cómo impedirlo
si los dioses trajinan en mi mente
como estiman preciso?
Y ese cendal al viento, de repente
la brisa se ha tornado en remolinos,
semeja una bandera que me llama.
A buscarla voy. ¡Fijo!
pasaste, así al albur, por mi camino.
Y me quedé temblando, acobardado,
sin saber, indeciso.
¿A qué viniste, di? Yo no lo quise.
Que recuerde, jamás te lo he pedido.
Pero los dioses ciegan muchas veces
tan sólo por capricho.
Varios trances parejos ya en mi vida
por desgracia viví y al revivirlos
me asustan, me da miedo que retornen.
¡Qué mágico espejismo!
Y no quise volver pero arrastrado
por tus hermosos ojos, por su brillo,
me dije para mí, como si nada:
- ¡Se ve que estaba escrito! -.
Lo que venga después algo es que ignoro...
Para bien, para mal, ¿cómo impedirlo
si los dioses trajinan en mi mente
como estiman preciso?
Y ese cendal al viento, de repente
la brisa se ha tornado en remolinos,
semeja una bandera que me llama.
A buscarla voy. ¡Fijo!
Última edición:
