Boris Palma Díaz
Moderador del Foro Cátedra de una Nueva Poesía
En esta noche de largos días, la esperanza es muerte, la esperanza es muerte
En esta sequía acuosa del corazón, es que navegan los ojos
Y sus niñas gritan despavoridas y desesperanzadas:
¡La esperanza es muerte, la esperanza es muerte!
¿Acaso no escucha el corazón revolucionario?
Fue hace un tiempo ya que una puta vestida de viuda nos disparó por la espalda
Entonces llegó el abandono y nos perdimos para siempre de este mundo
¿O fue el mundo quien se extravió de nuestra mirada?
Fuimos árboles invisibles que en el bosque quedamos.
No caímos porque no existimos, no fuimos leño porque siempre fuimos fuego.
Nos llamaron héroes, locos, anarquistas,
Pero sólo fuimos los que no nos vendimos, escupíamos pétalo por la boca
¡La esperanza es muerte, la esperanza es muerte!
¿Acaso no escucha el corazón revolucionario?
Entonces nos fuimos al mar a presentir la muerte
Nadie nos creyó cuando la vimos jugar entre el roquerío y entre las sirenas.
Nuestro troyano corazón se aferró con fuerza a las huellas
De un amor que ya se había ido, llorando por la lúgubre playa
Nos embriagamos con una copa repleta de falsas ilusiones
Y la esperanza y la esperanza, esa bendita y maldita esperanza.
Esperamos que el mundo en el que nacimos volviera
Volviera de cielos azules cargados en los ojos
Volviera, desencadenados los pensamientos como cóndores
Volviera de puertas y piernas abiertas para hacernos hombres nuevamente.
Esperamos tanto tiempo y tantas cosas pasaron sobre el cielo de nuestras cabezas
Éramos una estrella inocente en el Armagedón cósmico
Caímos a la profundidad inconmensurable de nuestro pecho ahuecado,
Pero el troyano corazón seguía prendido a la sombra del amor perdido
¡La esperanza!…la esperanza es muerte.
Y la mente ¿dónde está la mente? Y el miedo ¿dónde se halla el miedo?
No hicimos nada extraño, siempre fuimos los mismos, las mismas voces
Los mismos cantos, la misma frente, la misma araña tejiendo nuestros sueños
En el mismo aire.
Pero llegaron pájaros verdes hambrientos de arañas
Disparos nocturnos, escupos de fuego y llamarada
Entonces llegó el abandono y nos perdimos para siempre de este mundo
¿O fue el mundo quien se extravió de nuestra mirada?
Dictadura, de una mujer que se ha marchado, de un general que ha llegado
Dictadura al fin y al cabo, la dictadura del silencio, la dictadura de la indiferencia,
Pero el Prometeo corazón sigue amando y resucitando
¡La esperanza es muerte, la esperanza es muerte!
Siguen vociferando los niños por las calles
Y la sabiduría de Cristo que cae en las lluvias de Agosto.
¿Acaso no escucha el corazón revolucionario?
Entonces fuimos al mar a presentir la muerte
Nadie nos creyó cuando la vimos llegar entre la espuma iridiscente
Es que nunca dejamos ir a la esperanza, y esta traicionera quién diría
Nos entregó desnudos como llegamos al mundo, a la ausencia y al recuerdo eterno.
En esta sequía acuosa del corazón, es que navegan los ojos
Y sus niñas gritan despavoridas y desesperanzadas:
¡La esperanza es muerte, la esperanza es muerte!
¿Acaso no escucha el corazón revolucionario?
Fue hace un tiempo ya que una puta vestida de viuda nos disparó por la espalda
Entonces llegó el abandono y nos perdimos para siempre de este mundo
¿O fue el mundo quien se extravió de nuestra mirada?
Fuimos árboles invisibles que en el bosque quedamos.
No caímos porque no existimos, no fuimos leño porque siempre fuimos fuego.
Nos llamaron héroes, locos, anarquistas,
Pero sólo fuimos los que no nos vendimos, escupíamos pétalo por la boca
¡La esperanza es muerte, la esperanza es muerte!
¿Acaso no escucha el corazón revolucionario?
Entonces nos fuimos al mar a presentir la muerte
Nadie nos creyó cuando la vimos jugar entre el roquerío y entre las sirenas.
Nuestro troyano corazón se aferró con fuerza a las huellas
De un amor que ya se había ido, llorando por la lúgubre playa
Nos embriagamos con una copa repleta de falsas ilusiones
Y la esperanza y la esperanza, esa bendita y maldita esperanza.
Esperamos que el mundo en el que nacimos volviera
Volviera de cielos azules cargados en los ojos
Volviera, desencadenados los pensamientos como cóndores
Volviera de puertas y piernas abiertas para hacernos hombres nuevamente.
Esperamos tanto tiempo y tantas cosas pasaron sobre el cielo de nuestras cabezas
Éramos una estrella inocente en el Armagedón cósmico
Caímos a la profundidad inconmensurable de nuestro pecho ahuecado,
Pero el troyano corazón seguía prendido a la sombra del amor perdido
¡La esperanza!…la esperanza es muerte.
Y la mente ¿dónde está la mente? Y el miedo ¿dónde se halla el miedo?
No hicimos nada extraño, siempre fuimos los mismos, las mismas voces
Los mismos cantos, la misma frente, la misma araña tejiendo nuestros sueños
En el mismo aire.
Pero llegaron pájaros verdes hambrientos de arañas
Disparos nocturnos, escupos de fuego y llamarada
Entonces llegó el abandono y nos perdimos para siempre de este mundo
¿O fue el mundo quien se extravió de nuestra mirada?
Dictadura, de una mujer que se ha marchado, de un general que ha llegado
Dictadura al fin y al cabo, la dictadura del silencio, la dictadura de la indiferencia,
Pero el Prometeo corazón sigue amando y resucitando
¡La esperanza es muerte, la esperanza es muerte!
Siguen vociferando los niños por las calles
Y la sabiduría de Cristo que cae en las lluvias de Agosto.
¿Acaso no escucha el corazón revolucionario?
Entonces fuimos al mar a presentir la muerte
Nadie nos creyó cuando la vimos llegar entre la espuma iridiscente
Es que nunca dejamos ir a la esperanza, y esta traicionera quién diría
Nos entregó desnudos como llegamos al mundo, a la ausencia y al recuerdo eterno.
