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Dolor que me arrebatas la templanza...



Dolor que me arrebatas la templanza,
dejándome el espíritu doliente,
dolor que te apoderas de mi mente
y logras que hasta pierda la esperanza.

Nací para sufrir. ¿Será venganza
de alguno a quien hiriera en un repente?
O Dios que me castiga, simplemente,
por tanto que pequé con mi pujanza.

Ignoro los motivos, mas el caso
no es otro que padezco como nunca.
y a veces se me ocurre dar el paso

que da quien su trayecto por sí trunca.
Me asusto cuando pienso tal manera
de darle un buen final a mi carrera.

Fatal mas placentera
la forma de morir de los suicidas.
que acaban cuando quieren con sus vidas.
 

SANDRA BLANCO

Administradora - JURADO


Dolor que me arrebatas la templanza,
dejándome el espíritu doliente,
dolor que te apoderas de mi mente
y logras que hasta pierda la esperanza.

Nací para sufrir. ¿Será venganza
de alguno a quien hiriera en un repente?
O Dios que me castiga, simplemente,
por tanto que pequé con mi pujanza.

Ignoro los motivos, mas el caso
no es otro que padezco como nunca.
y a veces se me ocurre dar el paso

que da quien su trayecto por sí trunca.
Me asusto cuando pienso tal manera
de darle un buen final a mi carrera.

Fatal mas placentera
la forma de morir de los suicidas.
que acaban cuando quieren con sus vidas.

Muy buen poema aunque a decir verdad eso del suicidio creo que es una forma equivocada de eludir la realidad,la vida es bella, a pesar del dolor y del sufrimiento que nos toque vivir, muy sentido tu poema,un gusto leerte,gracias por compartir,un beso grande.
 

José Luis Blázquez

JURADO - MODERADOR de los Foros de Poética Clásica
Excelente soneto, con un tema que, inevitablemente, me trae malos recuerdos. En uno de mis viajes, tuve la mala fortuna de presenciar en directo cómo un suicida se lanzaba al vacío desde lo más alto de la catedral de Basilea. Aquello me produjo un trauma que aún hoy, varios años después, no he podido olvidar. No se lo deseo a nadie.

Un abrazo.
 
Comprendo perfectamente tus sentimientos, querido José Luis.
No recuerdo exactamente si durante nuestro encuentro te relaté mi experiencia personal con el tema del suicidio, pero al margen de que no vi sangre ni fui testigo del fallecimiento creo que mi experiencia fue bastante peor: Hallarme al volver a mi casa a una señora que convivía con nosotros y que se había quitado la vida la noche anterior, aprovechando nuestra ausencia.
Por suerte, fue una delicadeza por su parte dejar todo por escrito mediante diversas cartas a familiares e incluso al Juez por lo cual no sufrimos la menor molestia por parte de las Autoridades. Pero esto sucedió a primeros de agosto de 2005 y yo había vuelto de Granada, de estar con mi amigo Emilio Borrego, hacía pocos días. Total, que se me fue al traste la terapia que había seguido con él.
El suicidio es mala cosa, porque por muy bien que el suicida deje expresado todo siempre perjudica a un tercero. En este caso, a mí.
Lamento haber removido esos recuerdos, pero me alegra que te haya gustado el poema, amigo.
Abrazos.
 

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