Miguel Francisco Romero
Nuevo Miembro
EL ÚLTIMO ATARDECER
© Derechos reservados del texto (II) Autor: Miguel F. Romero 11/05/2013.
Ven, querida, dame tu mano, suave y tibia como siempre. Toma mi mano querida, y acompáñame a caminar por el sendero de siempre, entre los valles florecidos, que tanto nos gustan. Deja que tome tu cintura y caminemos juntos, sintiendo el calor de nuestros cuerpos.
Luego de un largo sueño, la nieve despertó y la vida se yergue y se despliega, verde, frondosa y dichosa, y se encamina, húmeda y perfumada, hacia los valles y las cuestas.
Tienes frio? La brisa perfumada acaricia la belleza de tu suave piel de duraznos que tanto amo. Ven, acércate más, acaríciame y aprieta tu cuerpo al mío, como antes, como en nuestro primeros amores y como ahora y siempre.
Sigamos caminando juntos, tras los pasos de la primavera de colores y aromas, que se abre ante nosotros, en el horizonte lejano y de luz.
Vamos, sigue caminando conmigo, como toda nuestra vida, yo te sostendré, y tú lo harás conmigo, si lo necesito.
Hemos vivido toda la vida juntos, aprendimos a amarnos, y lo seguimos haciendo desde el primer beso que te robé, el día que te conocí, ¿recuerdas?. Habla conmigo, ya casi no escucho tu voz. Deja en el viejo pasado los ocasos tormentosos, y tantas, tantas bellas primaveras en nuestras vidas, perdidas en silencios y soledades compartidas.
¡Estás tan cerca! Me perturbas, recuerdo cuando te alzaba en mis brazos y te apretaba contra mí hasta el dolor dulce en la comunión en nuestros cuerpos.
Tienes los mismos ojos color del trigo y miel que me enamoraron cuando me miraste, y tu cabello, casi blanco como la nieve, huele como siempre, a manzanas. El tiempo no pudo vencer tu belleza y plasmó en tu rostro el aurea de la belleza otoñal. Estás hermosa, amor.
No, no te preocupes, camino un poco más despacio, sólo estoy un poco agitado, mi corazón late fuerte, y está muy feliz, lo demás, no importa.
Trepemos la lomada y admiremos juntos, como antes, como todas las primaveras, la inmensa llanura vestida de verde y oro que nos rodea. Amor mío, descansa un momento, apóyate en mí y descansa en ésas piedras grandes, en la sombra perfumada del pino.
Tienes frio, siento que tienes frio, toma mi abrigo y descansa, querida.
Deja que te abrace y sienta tu pequeña cintura como el primer día. Acércate más. Ven, sigamos el sendero, que ya conoce de nosotros los pasos de nuestro amor, de lejanas primaveras. ¡Tantos caminos transitados! con amor y trabajo, sin guardar para nosotros ni siquiera el descanso merecido. Pero fui feliz contigo, el único amor de mi vida.
Yo te sostengo y te ayudo, amor, no te sueltes de mi mano. Camina conmigo ahora, como toda nuestra vida.
Estoy un poco agitado, nada más. Ven querida, llegamos al arroyo, descansemos un rato.
Escucha, como escuchábamos antes, mientras nos amábamos con locura, anudando nuestros cuerpos y en la comunión de nuestras almas, los sonidos melodiosos del agua cristalina que transita entre las piedras, murmurando el canto de la alegría, celosa de vernos juntos otra vez.
Aprovechemos todos los bellos instantes, que laten en nuestras almas, porque la vida es sólo eso, momentos, instantes ya vividos. Sujeta mi mano, amor, y reposemos entre las bellas flores que se asoman desde el corazón de la tierra.
Ven, acércate a mí, tal vez como nunca, y unamos nuestros cuerpos para darnos recíprocamente los más maravillosos besos de amor. No, no llores mi querida, nunca es tarde para amarse, aunque sea por un momento, y yo te amo. Te amo desde siempre.
¡No, no temas por mí, mi amor!, este viejo tiembla en su palidez, porque pudo sentir, tal vez tarde, tus lagrimas calientes, detenerse en los pliegues de sus años. No, no sufras mi amor, colmemos nuestros corazones con el canto de los gorriones y recojamos con el alma los perfumes del hermoso atardecer.
Mi corazón se acelera. Siento que la luz escapa de mis ojos y rápidamente anochece.
Acércate amor, dame tus caricias, quiero sentirlas. Ya no te siento, dame la luz de tus ojos. Quiero verte. Quiero sentirte. Ven, amor acércate más, siento frío, abrázame, dame el calor de tus labios y la vida con tu aliento. No, por favor, no llores querida, eso me hace daño, no temas, amor mío.
Tú y yo sabíamos que esto podría ocurrir, te lo dije muchas veces, y tú lo sabes, nunca tuve secretos para ti.
Me siento muy cansado, voy a descansar un ratito, cerraré mis ojos para descansar.
Pero si duermo, en mis sueños estarás siempre, amor mío, siempre. Hasta la eternidad. Te amo.
Fragmento de “MEMORIAS” 09/2011.
© Derechos reservados del texto (II) Autor: Miguel F. Romero 11/05/2013.
Ven, querida, dame tu mano, suave y tibia como siempre. Toma mi mano querida, y acompáñame a caminar por el sendero de siempre, entre los valles florecidos, que tanto nos gustan. Deja que tome tu cintura y caminemos juntos, sintiendo el calor de nuestros cuerpos.
Luego de un largo sueño, la nieve despertó y la vida se yergue y se despliega, verde, frondosa y dichosa, y se encamina, húmeda y perfumada, hacia los valles y las cuestas.
Tienes frio? La brisa perfumada acaricia la belleza de tu suave piel de duraznos que tanto amo. Ven, acércate más, acaríciame y aprieta tu cuerpo al mío, como antes, como en nuestro primeros amores y como ahora y siempre.
Sigamos caminando juntos, tras los pasos de la primavera de colores y aromas, que se abre ante nosotros, en el horizonte lejano y de luz.
Vamos, sigue caminando conmigo, como toda nuestra vida, yo te sostendré, y tú lo harás conmigo, si lo necesito.
Hemos vivido toda la vida juntos, aprendimos a amarnos, y lo seguimos haciendo desde el primer beso que te robé, el día que te conocí, ¿recuerdas?. Habla conmigo, ya casi no escucho tu voz. Deja en el viejo pasado los ocasos tormentosos, y tantas, tantas bellas primaveras en nuestras vidas, perdidas en silencios y soledades compartidas.
¡Estás tan cerca! Me perturbas, recuerdo cuando te alzaba en mis brazos y te apretaba contra mí hasta el dolor dulce en la comunión en nuestros cuerpos.
Tienes los mismos ojos color del trigo y miel que me enamoraron cuando me miraste, y tu cabello, casi blanco como la nieve, huele como siempre, a manzanas. El tiempo no pudo vencer tu belleza y plasmó en tu rostro el aurea de la belleza otoñal. Estás hermosa, amor.
No, no te preocupes, camino un poco más despacio, sólo estoy un poco agitado, mi corazón late fuerte, y está muy feliz, lo demás, no importa.
Trepemos la lomada y admiremos juntos, como antes, como todas las primaveras, la inmensa llanura vestida de verde y oro que nos rodea. Amor mío, descansa un momento, apóyate en mí y descansa en ésas piedras grandes, en la sombra perfumada del pino.
Tienes frio, siento que tienes frio, toma mi abrigo y descansa, querida.
Deja que te abrace y sienta tu pequeña cintura como el primer día. Acércate más. Ven, sigamos el sendero, que ya conoce de nosotros los pasos de nuestro amor, de lejanas primaveras. ¡Tantos caminos transitados! con amor y trabajo, sin guardar para nosotros ni siquiera el descanso merecido. Pero fui feliz contigo, el único amor de mi vida.
Yo te sostengo y te ayudo, amor, no te sueltes de mi mano. Camina conmigo ahora, como toda nuestra vida.
Estoy un poco agitado, nada más. Ven querida, llegamos al arroyo, descansemos un rato.
Escucha, como escuchábamos antes, mientras nos amábamos con locura, anudando nuestros cuerpos y en la comunión de nuestras almas, los sonidos melodiosos del agua cristalina que transita entre las piedras, murmurando el canto de la alegría, celosa de vernos juntos otra vez.
Aprovechemos todos los bellos instantes, que laten en nuestras almas, porque la vida es sólo eso, momentos, instantes ya vividos. Sujeta mi mano, amor, y reposemos entre las bellas flores que se asoman desde el corazón de la tierra.
Ven, acércate a mí, tal vez como nunca, y unamos nuestros cuerpos para darnos recíprocamente los más maravillosos besos de amor. No, no llores mi querida, nunca es tarde para amarse, aunque sea por un momento, y yo te amo. Te amo desde siempre.
¡No, no temas por mí, mi amor!, este viejo tiembla en su palidez, porque pudo sentir, tal vez tarde, tus lagrimas calientes, detenerse en los pliegues de sus años. No, no sufras mi amor, colmemos nuestros corazones con el canto de los gorriones y recojamos con el alma los perfumes del hermoso atardecer.
Mi corazón se acelera. Siento que la luz escapa de mis ojos y rápidamente anochece.
Acércate amor, dame tus caricias, quiero sentirlas. Ya no te siento, dame la luz de tus ojos. Quiero verte. Quiero sentirte. Ven, amor acércate más, siento frío, abrázame, dame el calor de tus labios y la vida con tu aliento. No, por favor, no llores querida, eso me hace daño, no temas, amor mío.
Tú y yo sabíamos que esto podría ocurrir, te lo dije muchas veces, y tú lo sabes, nunca tuve secretos para ti.
Me siento muy cansado, voy a descansar un ratito, cerraré mis ojos para descansar.
Pero si duermo, en mis sueños estarás siempre, amor mío, siempre. Hasta la eternidad. Te amo.
Fragmento de “MEMORIAS” 09/2011.
