Victor Diaz Goris
Miembro Conocido
El día 12 de Noviembre de 2001 murió mi amigo de infancia, el Dr. Humberto Antonio Jiménez Blanco (Papito), en aquel trágico Vuelo 587, en New York, en que murieron más de 200 dominicanos. A raíz de su muerte, me propuse conservar la memoria de Papito y, fiel a esa promesa, y también como catarsis por el desgarro emocional que me produjo su muerte, escribí esta elegía, esperando, tal vez ingenuamente, que él de alguna manera la lea, pero, sobre todo, anhelando que un día nos volvamos a encontrar. Humberto, donde quiera que estés, sigues siendo mi hermano del alma.
ELEGÍA A HUMBERTO
Humberto
a tu desmembrado cuerpo
daré mi sombra,
y ella se convertirá
en tus carnes,
y las perfumará el recuerdo
de nuestra niñez,
y nos sentaremos,
sobre una sonrisa de mar,
en el banco de pino de La Avenida,
y volveremos a ser soldados,
vaqueros o indios,
tú, hablando de tus plásticas operaciones,
yo, de los libros que aún no he escrito.
Humberto,
yo te daré mi vejez,
para que la vivas conmigo,
te daré la poca luz
que aún le queda a mis ojos,
para que puedas seguir viendo
tu brillante futuro,
te daré mi voz,
para que puedas volver
a llamarme ¨Montgomery¨,
como me llamaste
desde que éramos niños.
Humberto,
un unicornio alado
vendrá a buscarnos,
y nos mostrará otro presente,
lejos, muy lejos ya,
del sufrimiento.
Seremos felices,
ejerciendo el derecho,
inalienable,
a la nostalgia,
y ya no tendré
este dolor,
que me hurta la voz,
la sangre,
y el pensamiento.
VÍCTOR DÍAZ GORIS
Derechos Reservados de Autor
Propiedad Intelectual de:
Víctor Díaz Goris
ELEGÍA A HUMBERTO
Humberto
a tu desmembrado cuerpo
daré mi sombra,
y ella se convertirá
en tus carnes,
y las perfumará el recuerdo
de nuestra niñez,
y nos sentaremos,
sobre una sonrisa de mar,
en el banco de pino de La Avenida,
y volveremos a ser soldados,
vaqueros o indios,
tú, hablando de tus plásticas operaciones,
yo, de los libros que aún no he escrito.
Humberto,
yo te daré mi vejez,
para que la vivas conmigo,
te daré la poca luz
que aún le queda a mis ojos,
para que puedas seguir viendo
tu brillante futuro,
te daré mi voz,
para que puedas volver
a llamarme ¨Montgomery¨,
como me llamaste
desde que éramos niños.
Humberto,
un unicornio alado
vendrá a buscarnos,
y nos mostrará otro presente,
lejos, muy lejos ya,
del sufrimiento.
Seremos felices,
ejerciendo el derecho,
inalienable,
a la nostalgia,
y ya no tendré
este dolor,
que me hurta la voz,
la sangre,
y el pensamiento.
VÍCTOR DÍAZ GORIS
Derechos Reservados de Autor
Propiedad Intelectual de:
Víctor Díaz Goris
