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Esta tarde noté como un silbido...

Esta tarde noté como un silbido
no normal, que venía de otra parte,
y me vi entre las nubes, cual perdido,

caminando hacia ti soñando amarte.
Pero el sueño, al final, se quedó en nada.
Sé que sólo, en el fondo, amas al Arte

que mis versos encierran, niña amada.
Lo demás son los sueños de un poeta,
una simple y vulgar baladronada.

Muy cercana se encuentra ya mi meta
mientras tú eres muy joven todavía.
Tu pasión conservar debes secreta,

porque nunca jamás podrás ser mía.
¡Más quisiera poder tenerte al lado
y beber de tu cuerpo la ambrosía!

Pero el tiempo pasó y ya he olvidado
la manera de amar a una mujer.
¡Con lo mucho que amara en el pasado

en los tiempos felices del ayer!
Me parece mentira. ¡No recuerdo
ni siquiera el sabor de aquel placer!

Pero loco no estoy, sino bien cuerdo...
¿Qué le ocurre, por tanto, a mi cabeza
si de todo el pasado bien me acuerdo?

¿Podrán ser tantos litros de cerveza
que dejaron secuelas en mi mente
o el castigo de Dios por mi torpeza?

No lo sé. Sólo sé que, únicamente,
mi cerebro se fija en esa idea
y una voz grita, cruel: - ¡Chico, detente,

no prosigas marchando adónde sea! -.
Me detengo, obediente, haciendo caso,
pues no quiero bailar con la más fea,

conocer nuevamente otro fracaso
que me deje otra vez mudo y perplejo
al pensar que me encuentro ya en mi ocaso,

aunque siempre fue así. Miro al espejo
y me veo tal cual estoy ahora.
- ¡Madre mía! -. Me asusto. - ¡Si estoy viejo! -
Y este triste poeta gime y llora.
 
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