Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Galopa mi corcel veloz, valiente,
por sendas que conducen a la gloria;
logré, por pura suerte, la victoria,
no pienso dar más vueltas a mi mente.
Suceda lo que sea, yo prudente.
De sobra sé que nunca en su memoria
lugar he de tener, pues soy escoria
por más que me las dé de inteligente.
Pues voy a trabajar porque, si acaso
alguno recordara mi existencia
que sepa que no quise ser payaso;
que supe con templanza y con paciencia
lograr algo mejor, pero fue escaso
el fruto que logró mi inexperiencia.
- Su vida fue un fracaso.-.
Ya sé que al menos dos han de pensar.
- De acuerdo. ¡Pues pelillos a la mar! -.
- ¡Aquí valen tan sólo los dineros!
¿Los versos para qué, si valen nada? -.
Y llevarán razón. Ya la alborada
alumbra, se apagaron los luceros.
Ya suenan y se escuchan los primeros
rumores, ya comienza otra jornada.
La noche se esfumó y la madrugada
reclama a su trabajo a los obreros.
Medito y mi cabeza se alborota,
no puedo ni pensar, hoy no es mi día.
Por más que corra raudo a la pelota,
¿qué importa si al final no ha de ser mía?
Me habré de conformar con la derrota
o puede ser que venza en la porfía.
La vida es agonía
estando tan incierto mi futuro.
No sé ya qué esperar, te lo aseguro.
por sendas que conducen a la gloria;
logré, por pura suerte, la victoria,
no pienso dar más vueltas a mi mente.
Suceda lo que sea, yo prudente.
De sobra sé que nunca en su memoria
lugar he de tener, pues soy escoria
por más que me las dé de inteligente.
Pues voy a trabajar porque, si acaso
alguno recordara mi existencia
que sepa que no quise ser payaso;
que supe con templanza y con paciencia
lograr algo mejor, pero fue escaso
el fruto que logró mi inexperiencia.
- Su vida fue un fracaso.-.
Ya sé que al menos dos han de pensar.
- De acuerdo. ¡Pues pelillos a la mar! -.
- ¡Aquí valen tan sólo los dineros!
¿Los versos para qué, si valen nada? -.
Y llevarán razón. Ya la alborada
alumbra, se apagaron los luceros.
Ya suenan y se escuchan los primeros
rumores, ya comienza otra jornada.
La noche se esfumó y la madrugada
reclama a su trabajo a los obreros.
Medito y mi cabeza se alborota,
no puedo ni pensar, hoy no es mi día.
Por más que corra raudo a la pelota,
¿qué importa si al final no ha de ser mía?
Me habré de conformar con la derrota
o puede ser que venza en la porfía.
La vida es agonía
estando tan incierto mi futuro.
No sé ya qué esperar, te lo aseguro.
