Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
- Hermanos, mucho lo siento…
¡Voy a colgar la sotana,
porque una moza galana
me hace dejar el convento!
Y en verdad que lo lamento,
mas eso del celibato
no constaba en mi contrato
o quizás no lo leí.
Que nadie diga que fui
mal fraile, sino cegato.
¿Viene en la letra pequeña?
¡Por eso no me fijé!
Pero si me enamoré
sólo me debo a mi dueña.
Ella para mí es la enseña
que adoro, a la cual respeto,
y no deseo en secreto
tener una relación
que llene de confusión
al Abad, aunque es discreto.
Quiero ser sólo seglar,
gozar de tener mujer
y espero no cometer
pecado si quiero amar.
Que nadie pueda pensar
nada malo de este fraile,
quien siempre tuvo en el baile
que bailar con la más fea.
Así que el Abad, ¡quién sea!,
se llegue y me desenfraile.
Sólo quiero ser poeta
para escribirle mil versos
sobre mil temas diversos,
no sobre cosa concreta.
Y si así se me respeta
y se me llama señor
pienso que es mucho mejor
ser un honrado marido
que no un fraile pervertido,
lo cual es mucho peor.
¿Da licencia Su Merced
para el hábito colgar
y así poderme casar?
Si quiere, me casa usted.
En cuenta, os ruego, tened
que este casorio es urgente,
pues ya sabe que la gente
luego cuenta y cuenta mal.
Y si son meses, ¡fatal!,
pues puede errar quien los cuente.
Déjeme ser camarero,
que ha sido mi profesión
antes de llevar cordón,
pues ya tenemos portero.
Y tenemos cocinero,
- y muy bueno, por demás -,
¿no existirá un puesto más
donde hacer un buen trabajo?
Si no, ¡váyanse al carajo
Su Merced y los demás! –
¡Por Dios, qué mal sueño tuve!
Acaso abusé del vino...
¿O no soñé y el Destino
me colocó en una nube?
Si ya ni baja ni sube
aquello que ayer subía.
Si se me pasó ya el día
de hacer de Don Juan Tenorio.
¡Si es ruina lo que fue emporio!
¡Todo pura fantasía!
Desperté, ¡gracias al Cielo!,
de un quimérico soñar.
Aquella hermosa sin par
había ya alzado el vuelo.
Y yo me quedé en el suelo
de mi convento adorado.
Son cosas de mi pasado
que debo dar al olvido
o pudo ser un vahído,
del cual ya me he despertado.
¡Voy a colgar la sotana,
porque una moza galana
me hace dejar el convento!
Y en verdad que lo lamento,
mas eso del celibato
no constaba en mi contrato
o quizás no lo leí.
Que nadie diga que fui
mal fraile, sino cegato.
¿Viene en la letra pequeña?
¡Por eso no me fijé!
Pero si me enamoré
sólo me debo a mi dueña.
Ella para mí es la enseña
que adoro, a la cual respeto,
y no deseo en secreto
tener una relación
que llene de confusión
al Abad, aunque es discreto.
Quiero ser sólo seglar,
gozar de tener mujer
y espero no cometer
pecado si quiero amar.
Que nadie pueda pensar
nada malo de este fraile,
quien siempre tuvo en el baile
que bailar con la más fea.
Así que el Abad, ¡quién sea!,
se llegue y me desenfraile.
Sólo quiero ser poeta
para escribirle mil versos
sobre mil temas diversos,
no sobre cosa concreta.
Y si así se me respeta
y se me llama señor
pienso que es mucho mejor
ser un honrado marido
que no un fraile pervertido,
lo cual es mucho peor.
¿Da licencia Su Merced
para el hábito colgar
y así poderme casar?
Si quiere, me casa usted.
En cuenta, os ruego, tened
que este casorio es urgente,
pues ya sabe que la gente
luego cuenta y cuenta mal.
Y si son meses, ¡fatal!,
pues puede errar quien los cuente.
Déjeme ser camarero,
que ha sido mi profesión
antes de llevar cordón,
pues ya tenemos portero.
Y tenemos cocinero,
- y muy bueno, por demás -,
¿no existirá un puesto más
donde hacer un buen trabajo?
Si no, ¡váyanse al carajo
Su Merced y los demás! –
¡Por Dios, qué mal sueño tuve!
Acaso abusé del vino...
¿O no soñé y el Destino
me colocó en una nube?
Si ya ni baja ni sube
aquello que ayer subía.
Si se me pasó ya el día
de hacer de Don Juan Tenorio.
¡Si es ruina lo que fue emporio!
¡Todo pura fantasía!
Desperté, ¡gracias al Cielo!,
de un quimérico soñar.
Aquella hermosa sin par
había ya alzado el vuelo.
Y yo me quedé en el suelo
de mi convento adorado.
Son cosas de mi pasado
que debo dar al olvido
o pudo ser un vahído,
del cual ya me he despertado.
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