LA BIBLIA Y EL CALEFÓN
A puro generosa,
elevas tus plegarias en boca tibia
cual índice habitual, sombrea los sentires entre libros
y rasgos…
De tu cruz,
que se desdibuja como pétalos en su luna
y sobre el escenario hostil.
La Biblia…
Dos velas encendidas y un manto grisáceo,
hacen del paisaje intimidante, la savia de la juventud.
Eliminando las cenizas del ayer…
Y crujiendo en la mente,
los insomnios que desvelan los aires concentrados,
sin títulos aparentes.
En esas cuestiones infinitas
de ángeles y demonios y de sombras al silencio
mientras peca el pecador.
Y busca en los sueños,
la historia vespertina cual éxtasis carnal restriega
los placeres de la piel.
Y modula bajo los atardeceres sensitivos,
las tinajas del tiempo.
Autor: Fabián Irusta (Argentina) D/Reservados
Fotografía: Kan
A puro generosa,
elevas tus plegarias en boca tibia
cual índice habitual, sombrea los sentires entre libros
y rasgos…
De tu cruz,
que se desdibuja como pétalos en su luna
y sobre el escenario hostil.
La Biblia…
Dos velas encendidas y un manto grisáceo,
hacen del paisaje intimidante, la savia de la juventud.
Eliminando las cenizas del ayer…
Y crujiendo en la mente,
los insomnios que desvelan los aires concentrados,
sin títulos aparentes.
En esas cuestiones infinitas
de ángeles y demonios y de sombras al silencio
mientras peca el pecador.
Y busca en los sueños,
la historia vespertina cual éxtasis carnal restriega
los placeres de la piel.
Y modula bajo los atardeceres sensitivos,
las tinajas del tiempo.
Autor: Fabián Irusta (Argentina) D/Reservados
Fotografía: Kan
