Jorge Toro
Miembro Conocido
Por primera y postrera vez escribo
para decir adiós y despedirme
de ti, bella utopía que me has sido
la imposible ilusión que me desvive.
Me voy de ti, me alejo de tu vida,
-pleno el pecho de amor y mi alma rota-
cargando este sentir que me lastima,
que abrasa mi interior y, a más, lo ahoga.
Con un dolor de amante reprimido,
de loco enamorado y soñador,
de un hombre subyugado a tu atractivo,
de un pobre prisionero de tu amor.
Hoy parto de tu vida para siempre
vencido, derrotado, cabizbajo,
con un pecho dolido que no entiende
la pena que calcina su costado.
Me aparto de ti, amándote, impotente,
queriéndote con todo el corazón,
sintiendo en cada fibra de mi mente
un dolor que no atiende a la razón.
Me voy a caminar por otras sendas
en donde dar amor no duela tanto,
allí donde no reine la ansiedad
y pueda de verdad sentirme amado.
Este amor seguirá por mucho tiempo
metido entre mi sienes y latidos
Mas, tendré que aprender a contenerlo
y llevarlo de a poco hacia el olvido.
Habré de comprenderlo de otra forma
haciéndolo un asunto del pasado,
como un viejo recuerdo de esa historia
que una vez existió y se acabó.
Para ti, lo mejor de mis deseos,
que seas muy feliz, por siempre, amor,
que salte la alegría entre tu pecho
y te colme el futuro de emoción.
Disfruta y sé feliz, sonríe, canta,
despliega tus encantos por doquier,
conduce hacia otros ojos tu mirada,
disfruta de la vida y su placer.
Recuérdame también, sin suspicacias,
no olvides, por favor, que bien te amé;
reserva en tu memoria una migaja
para pensarme algún atardecer.
Hoy cambio de actitud para contigo,
sin rencores ni celos ni despecho,
es solo por huir a este suplicio
que llenó mi existencia de desvelos.
Tendré que conseguir vivir lejano
amoldarme a mirarte y no soñar
a tenerte cercana y serte parco
a inspirar tu mismo aire y no vibrar.
Tal vez con el transcurso de los años,
cuando seas apenas un recuerdo
podré acercarme a ti, jovial y grato,
ajeno a este quebranto tan acerbo.
Me voy a mi pesar, aun amándote,
rendido y poseído por tu ser,
buscando descubrir algún espacio
ignoto donde logre renacer.
Adiós mujer preciosa, bella dama,
aunque duele en el alma tu rechazo,
has sido en mi existencia como un hada
que llenó mi existencia con su encanto.
La vida me negó la dicha plena
de ganar para mí tu corazón,
pero fuiste en mi vida la alba estrella
que me hizo resurgir en el amor.
para decir adiós y despedirme
de ti, bella utopía que me has sido
la imposible ilusión que me desvive.
Me voy de ti, me alejo de tu vida,
-pleno el pecho de amor y mi alma rota-
cargando este sentir que me lastima,
que abrasa mi interior y, a más, lo ahoga.
Con un dolor de amante reprimido,
de loco enamorado y soñador,
de un hombre subyugado a tu atractivo,
de un pobre prisionero de tu amor.
Hoy parto de tu vida para siempre
vencido, derrotado, cabizbajo,
con un pecho dolido que no entiende
la pena que calcina su costado.
Me aparto de ti, amándote, impotente,
queriéndote con todo el corazón,
sintiendo en cada fibra de mi mente
un dolor que no atiende a la razón.
Me voy a caminar por otras sendas
en donde dar amor no duela tanto,
allí donde no reine la ansiedad
y pueda de verdad sentirme amado.
Este amor seguirá por mucho tiempo
metido entre mi sienes y latidos
Mas, tendré que aprender a contenerlo
y llevarlo de a poco hacia el olvido.
Habré de comprenderlo de otra forma
haciéndolo un asunto del pasado,
como un viejo recuerdo de esa historia
que una vez existió y se acabó.
Para ti, lo mejor de mis deseos,
que seas muy feliz, por siempre, amor,
que salte la alegría entre tu pecho
y te colme el futuro de emoción.
Disfruta y sé feliz, sonríe, canta,
despliega tus encantos por doquier,
conduce hacia otros ojos tu mirada,
disfruta de la vida y su placer.
Recuérdame también, sin suspicacias,
no olvides, por favor, que bien te amé;
reserva en tu memoria una migaja
para pensarme algún atardecer.
Hoy cambio de actitud para contigo,
sin rencores ni celos ni despecho,
es solo por huir a este suplicio
que llenó mi existencia de desvelos.
Tendré que conseguir vivir lejano
amoldarme a mirarte y no soñar
a tenerte cercana y serte parco
a inspirar tu mismo aire y no vibrar.
Tal vez con el transcurso de los años,
cuando seas apenas un recuerdo
podré acercarme a ti, jovial y grato,
ajeno a este quebranto tan acerbo.
Me voy a mi pesar, aun amándote,
rendido y poseído por tu ser,
buscando descubrir algún espacio
ignoto donde logre renacer.
Adiós mujer preciosa, bella dama,
aunque duele en el alma tu rechazo,
has sido en mi existencia como un hada
que llenó mi existencia con su encanto.
La vida me negó la dicha plena
de ganar para mí tu corazón,
pero fuiste en mi vida la alba estrella
que me hizo resurgir en el amor.
