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La transformacion del ser humano

LA TRANSFORMACIÓN DEL SER HUMANO. ( II )
© Derechos Reservados del texto.

Autor: Miguel F. Romero 03/06/2013. Argentina


Es cierto que, tenemos en el mundo, y respetamos, un determinado número de seres que dedican sus vidas enteras a la meditación, la oración y al recogimiento, la mís
tica pura, cumpliendo reglas severas de pura contemplación, en rígidas órdenes monásticas de clausura, en la búsqueda constante de su transformación y su paz interior.
La transformación del ser humano, desde que pudo alzarse y caminar, si lo comparamos en la vorágine infinita del tiempo, se encuentra, sin dudas, en un estado germinal.

Así lo demuestran, indubitablemente, los cambios históricos que se observan en la sociedad, en lo político, religioso, clasista y de otros rasgos graves e inquietantes, como la aparición de grupos heterogéneos violentos, en diferentes culturas, clases sociales y países del mundo, que no escapan al ritmo de la vida actual y a su aceleración histórica.
La época actual, y sus hechos, se la puede caracterizar globalmente, por muchos acontecimientos diferentes y de suma importancia. El alcohol y la droga en jóvenes y también en niños cada vez más pequeños, ya es una cosa cotidiana.
Sin embargo, sin dudas, y como consecuencia de lo descripto, la violencia, indiscriminada, ejercida fundamentalmente por estos grupos, parecería ser que es la circunstancia dominante de estos tiempos.

Surge entonces desde ese punto, la necesidad de revisar nuestro interior, para activar desde allí, las posibles formas que le permitan a cada uno, profundizar nuestros estados de conciencia, y en el dialogo profundo y productivo con nuestros semejantes, lograr atenuar o evitar estos rasgos nuevos que lastiman sin remedio a la sociedad en su conjunto.

Todos los seres, tienden a ser libres, en correlación con las formas de vida de la comunidad en la que se asientan, y luego, forman parte de ella. Las experiencias que se nutren en el bagaje del tiempo y los recuerdos, y que surgen de nuestro interior, son muy eficaces para entender y regular la vida.
Cuando el ser humano encuentra su lugar, en un lado u otro, de ésa manera, conquista su libertad de decidir, por tanto, va camino a lograr el conocimiento de su libertad interior.
En adelante, con el conocer del amor, forma una familia, y con ése sentimiento arraigado en el alma, y el alma es propia de cada uno y no cambia, el ser humano toma la verdadera conciencia de sí mismo y su entorno.
Así obtiene, por responsabilidad, el sentido de vivir en comunidad, y participa de ella.
Aprende a entenderse y comprender, y a no aplicar, a su propia conveniencia, sus gustos y costumbres, y sólo lo hace a través del dialogo y respetando todas las opiniones. De esa manera se convierte en un ser humano libre pensador, y no será un elemento de disociación de la forma de vida que, libremente eligió.
Al mantener estos conceptos, el ser humano libre persevera, y su libertad puede estimular a otros a liberarse.

El ser humano, debe respetar la diversidad de las ideologías, pero también debe admirar los ideales, y a los que son capaces de perdurarlos, aunque no comulguen con sus propias ideas.

Y comienza a participar, con su humanidad y sus propios ideales, en la íntima realidad de sus congéneres, empujándolos a los cambios y a evolucionarlos y mentalizarlos hacia una fuerza liberadora.
Y esto es lo que es, en suma, la vida del ser humano, una continua educación de sí mismo, aprendizaje que lo va alejando del horizonte de lo desconocido, mostrándole el camino de su futuro y su vida.

Esa fuerza, libera en él sus sentidos, sus sueños y sus aspiraciones, transformándolos en personas capaces y confiables, de acatar leyes y costumbres, y en consonancia con estas actitudes, adquieren la conciencia de construir una sociedad más perfecta para el bienestar de toda la comunidad.

Pero en toda regla hay excepciones.
Siempre estarán esos otros, que ungidos por el poder supremo, que nunca sabremos, aunque lo intuyamos, quiénes se lo confirieron, y sintiéndose dueños de la vida y obra de sus súbditos, elucubran sus ideas y acciones en la impunidad del anonimato, haciendo y deshaciendo a su libre albedrío, buscando su retroalimentación en el tiempo, con promesas vanas que ya nadie les cree, engendrando con sus actos, disconformidad y violencia.
Sometiéndonos así, a dolorosas situaciones sociales y políticas con el único objeto de acrecentar sus poderes y sus bienes y luego, los de su entorno.

El ser humano, en su paso por el tiempo, ya aprendió lo suficiente como para darse cuenta de las mentiras y el engaño, sólo comparando lo que escucha, con la realidad que vive, como sociedad.
Estos seres, líderes falsos, nunca aprenderán ni respetarán el indubitable concepto de que para decir VERDADES, hay que sentir VERDADES.

El individuo, el ser humano, descreído y deshumanizado, comienza a perder la libertad de pensar y actuar libremente, pierde su libertad económica política y humana, y no se siente feliz y comienza a manifestar su disconformidad.
El ser humano que se siente feliz, difícilmente se deje dominar por el odio, su felicidad se lo impedirá.
Los tiempos de la historia demostraron que estos desaciertos de la clase dirigente, estimulan las mentes y las voluntades de los que sienten la pérdida de sus derechos, más que la acción directa, y pone en movimiento esa necesaria energía liberadora, que es patrimonio de la humanidad.

Y esto puede provocar que esa energía se libere por caminos violentos, dependiendo de la profundidad de las frustraciones, provocando serios daños a la misma sociedad que nos cobija.

Debemos imponernos la ciclópea tarea de la formación de verdaderos líderes, sanos, honestos, y sin que signifiquen utopías, ya que son cosas realizables y los ejemplos, también existen.
Hombres probos, que hagan de la verdad, la justicia y la libertad, la razón de vivir.
Que sean capaces de activar los cambios que requiere la sociedad en su conjunto, en cada instante, para transformarla permanentemente en la más adecuada de las posibilidades de la inclusión y la transformación del ser humano, buscando el bienestar general, de sí mismo y sus semejantes, en la búsqueda constante de un mundo mejor, para las generaciones futuras.
 
Estimado señor:Respeto sus opiniones sobre el escrito de mi autoría, ergo, me hago cargo de lo que digo. Consecuentemente con este pensamiento, discrepo absolutamente con sus opiniones. Dejando de lado que el escrito y sus expresiones sean buenas o malas, debo decirle que conozco muchas personas, mujeres y hombres, con un comportamiento ejemplar, y para ello no necesariamente son, ni pretenden, ser sabios. Además, este simple escrito,sólo hace referencia a una realidad indubitable, percibida por algunos y sufridas por todos. No sé quien es usted, ni donde reside,pero como usted sabe, yo soy Argentino, y, aqui, en este bello país, y en muchos paises del mundo se refreja con cotidianeidad, lo
escrito. Saludos.
 

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