Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
A visitar a Jesús
he acudido esta mañana.
¡Muchos años ya sin verle,
sin acudir a su casa!
- ¿Cómo no vienes, Francisco?
Las puertas las tienes francas.
Yo siempre acudo a las tuyas,
aunque tú no me las abras. -.
Y a mis ojos vino el llanto,
es que se me ha roto el alma.
- Perdóname, buen Manolo,
soy un poco cascarrabias.
Sabes que tuve problemas,
que sufrí, tuve mil ansias
que te sabes de memoria,
pues tu memoria no es flaca. -.
- Pues vuelve más a menudo,
que tengo entradas muy anchas
para quienes a Mí acuden
y nunca les doy la espalda. -.
Y he llorado como un niño,
todo en mi faz eran lágrimas.
- ¡Manolo, mañana mismo,
que de cantar tengo ganas! -.
Y aunque mi voz ya no es joven,
aunque es vieja mi garganta,
mañana, si Él lo permite,
le cantaré una gran aria.
O un villancico, aunque sea,
un motete, una pavana.
¡Lo que importa es que me escuche
cómo canto en Su Morada!
he acudido esta mañana.
¡Muchos años ya sin verle,
sin acudir a su casa!
- ¿Cómo no vienes, Francisco?
Las puertas las tienes francas.
Yo siempre acudo a las tuyas,
aunque tú no me las abras. -.
Y a mis ojos vino el llanto,
es que se me ha roto el alma.
- Perdóname, buen Manolo,
soy un poco cascarrabias.
Sabes que tuve problemas,
que sufrí, tuve mil ansias
que te sabes de memoria,
pues tu memoria no es flaca. -.
- Pues vuelve más a menudo,
que tengo entradas muy anchas
para quienes a Mí acuden
y nunca les doy la espalda. -.
Y he llorado como un niño,
todo en mi faz eran lágrimas.
- ¡Manolo, mañana mismo,
que de cantar tengo ganas! -.
Y aunque mi voz ya no es joven,
aunque es vieja mi garganta,
mañana, si Él lo permite,
le cantaré una gran aria.
O un villancico, aunque sea,
un motete, una pavana.
¡Lo que importa es que me escuche
cómo canto en Su Morada!
