Si os gusta la literatura romántica no puedo dejar de mencionar a esta autora norteamericana. He leído ya dos series de ella. La serie "Floreros" y "Vallerand"; ahora estoy por empezar la serie "Hathaway".
Si deseas leer alguno de sus libros puedes encontrarlo en la siguiente dirección:
https://drive.google.com/folderview?id=0B4BbP_EvZvFxcFZOVzVSclg3SkU&usp=sharing
También puedes encontrarlo por amazon.
Entre otras obras: "Amar para siempre" "Angel o demonio".
Serie "Wallflower" Floreros
Serie Only Vallerand
Las obras que he mencionado son las que he leído. Les dejo algunos fragmentos.
El diablo en invierno
Ella asintió y contuvo una risita ahogada. A pesar de su cansancio, o quizá debido a él, empezaba a sentir un placer perverso al ver cómo St. Vincent se esforzaba por controlar su irritación. En aquel momento, el hombre mal afeitado y malhumorado que tenía a su lado no guardaba ningún parecido con el aristócrata petulante que había asistido a la fiesta en casa de lord Westcliff.
—Hace mucho, mucho tiempo... —empezó MacPhee, sin prestar atención al gruñido de St. Vincent—, había una hermosa joven llamada Malvina. Estaba prometida a Osear, un valiente guerrero que había conquistado su corazón. Osear pidió a su amada que lo esperara mientras iba a buscar fortuna. Pero un día aciago, Malvina recibió la noticia de que su novio había muerto en
combate. Descansaría para siempre en unas colinas lejanas... sumido en un sueño eterno...
—Dios mío, cómo lo envidio —afirmó St. Vincent, a la vez que se frotaba los ojos.
—Cuando las lágrimas de dolor de Malvina empaparon la hierba como el rocío —prosiguió MacPhee—, el brezo púrpura que había a sus pies se volvió blanco. Por eso todas las novias escocesas llevan brezo blanco el día de su boda.
—¿Esa es la historia? —preguntó St. Vincent con incredulidad—. ¿El brezo procede de las lágrimas que derramó una muchacha por la muerte de su prometido?
—Así es.
—¿Cómo diablos puede considerarse entonces señal de buena suerte?
MacPhee abrió la boca para contestar pero, en ese momento, Florag volvió y entregó a Evie un ramito de brezo blanco seco. Tras murmurarle las gracias, Evie dejó que el herrero la condujera hacia el yunque, en el centro del local.
—¿Tiene un anillo para la señorita? —preguntó MacPhee a St. Vincent, que sacudió la cabeza .
Me lo imaginaba —dijo con frialdad el herrero—. Gavenia, trae el estuche de los anillos. —Y acercándose a Evie, explicó—: Trabajo metales preciosos además de hierro. Es un trabajo fino, hecho con el mejor oro de Escocia.
—No necesita ningún... —St. Vincent se detuvo al ver que Evie alzaba los ojos hacia él. Soltó un
suspiro—. De acuerdo. Elige uno.
MacPhee retiró un trozo de lana del estuche, lo extendió sobre el yunque y colocó sobre él con delicadeza una selección de seis anillos. Evie se inclinó parar mirarlos. Los anillos, todos ellos alianzas de oro de diversos tamaños y motivos, eran tan intricados y delicados que parecía imposible que los hubiera creado un herrero.
—Éste muestra cardos y nudos —dijo MacPhee, y lo levantó para que lo viera mejor—. Este tiene un diseño de llaves, y éste, una rosa de Shetland.
Evie eligió el más pequeño y se lo probó en el dedo anular izquierdo. Le iba perfecto. Se lo acercó para examinar el diseño. Era el más sencillo; una alianza de oro pulido que llevaba grabadas las palabras: Tha Gad Agam Ort.
—¿Qué significa? —preguntó a MacPhee.
—«Mi amor es tuyo.»
Escándalo en primavera
Un botón.
Arrugó la frente mientras lo miraba con atención, el botón tenía el grabado de un molino de viento. Por el otro lado tenía una fina placa de cristal, sujeta por una tira de cobre. Dentro de la placa se distinguía un mechón de pelo negro.
Swift se puso pálido y alargó la mano para quitárselo, pero ella cerró la mano.
A Daisy se le aceleró el pulso.
—Yo he visto esto antes —exclamó—. Eran cinco... mi madre hizo un chaleco para mi padre con cinco botones. Uno con el grabado de un molino de viento, el otro de un árbol, el otro de un puente… nos cortó un mechón de pelo a cada uno de sus hijos y los puso dentro de los botones. Recuerdo cuando me lo cortó a mi, lo hizo en la nuca para que no se me notara.
Sin mirarla, Swift recuperó los demás objetos y los volvió a guardar en su bolsillo. Se quedó callado y Daisy esperó en vano una explicación. Finalmente ella alargó la mano y le tocó el brazo.
Matthew no se movió, y clavó los ojos en su mano, sobre la manga de su chaqueta.
—¿Cómo consiguió usted esto? —susurró ella.
Swift tardo tanto tiempo en contestar que ella pensó que ya no lo haría.
Después de un momento él confesó con irritación:
—Su padre llevó el chaleco a las oficinas de la empresa. Le gustó a todo el mundo. Pero ese mismo día tuvo un arranque de mal genio, golpeó un frasco de tinta y se le derramó encima, Cómo es lógico el chaleco se estropeó. Pensando en el disgusto que tendría su madre me lo dio a mí para que me deshiciera de él.
—Pero usted guardó este botón —Daisy sentía una opresión en el pecho que no la dejaba respirar, el corazón le latía frenético—. El molino de viento. Era el mío.
¿Ha… ha guardado usted un mechón de mi pelo durante todos estos años? Matthew volvió a guardar silencio. Daisy nunca supo que habría contestado, porque el momento se rompió por el sonido de la voz de Annabelle en el pasillo.
—¡Daaaisyyyy!
Con el botón en la mano, Daisy intentó levantarse. El señor Swift la ayudo a ponerse en pie, agarrándola por la muñeca con una mano tiró de ella con cuidado.
Cuando estuvo en pie, le tendió la otra mano abierta y le dirigió una mirada inescrutable. Daisy se dio cuenta de que quería que le devolviera el botón, y dejó escapar una risita incrédula.
—Es mío —protestó ella. No porque quisiera el maldito botón, sino porque le parecía muy extraño que él hubiera tenido esa pequeña parte de ella durante tantos años. La asustó lo que eso podría significar.
Swift permaneció inmóvil y en silencio, esperando con una paciencia inflexible hasta que Daisy abrió la mano y dejó caer el botón sobre su palma. Él volvió a guardarlo en su bolsillo como una urraca posesiva y la soltó. Desconcertada, Daisy se dirigió hacia el cuarto de su hermana.
Amor por la tarde
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También puedes encontrarlo por amazon.
Entre otras obras: "Amar para siempre" "Angel o demonio".
Serie "Wallflower" Floreros
- Secretos de una noche de verano,
- Sucedió en otoño,
- El diablo en invierno
- Escándalo en primavera
- Una navidad inolvidable
Serie Only Vallerand
- Boda entre extraños
- Sólo con tu amor
Las obras que he mencionado son las que he leído. Les dejo algunos fragmentos.
El diablo en invierno
Ella asintió y contuvo una risita ahogada. A pesar de su cansancio, o quizá debido a él, empezaba a sentir un placer perverso al ver cómo St. Vincent se esforzaba por controlar su irritación. En aquel momento, el hombre mal afeitado y malhumorado que tenía a su lado no guardaba ningún parecido con el aristócrata petulante que había asistido a la fiesta en casa de lord Westcliff.
—Hace mucho, mucho tiempo... —empezó MacPhee, sin prestar atención al gruñido de St. Vincent—, había una hermosa joven llamada Malvina. Estaba prometida a Osear, un valiente guerrero que había conquistado su corazón. Osear pidió a su amada que lo esperara mientras iba a buscar fortuna. Pero un día aciago, Malvina recibió la noticia de que su novio había muerto en
combate. Descansaría para siempre en unas colinas lejanas... sumido en un sueño eterno...
—Dios mío, cómo lo envidio —afirmó St. Vincent, a la vez que se frotaba los ojos.
—Cuando las lágrimas de dolor de Malvina empaparon la hierba como el rocío —prosiguió MacPhee—, el brezo púrpura que había a sus pies se volvió blanco. Por eso todas las novias escocesas llevan brezo blanco el día de su boda.
—¿Esa es la historia? —preguntó St. Vincent con incredulidad—. ¿El brezo procede de las lágrimas que derramó una muchacha por la muerte de su prometido?
—Así es.
—¿Cómo diablos puede considerarse entonces señal de buena suerte?
MacPhee abrió la boca para contestar pero, en ese momento, Florag volvió y entregó a Evie un ramito de brezo blanco seco. Tras murmurarle las gracias, Evie dejó que el herrero la condujera hacia el yunque, en el centro del local.
—¿Tiene un anillo para la señorita? —preguntó MacPhee a St. Vincent, que sacudió la cabeza .
Me lo imaginaba —dijo con frialdad el herrero—. Gavenia, trae el estuche de los anillos. —Y acercándose a Evie, explicó—: Trabajo metales preciosos además de hierro. Es un trabajo fino, hecho con el mejor oro de Escocia.
—No necesita ningún... —St. Vincent se detuvo al ver que Evie alzaba los ojos hacia él. Soltó un
suspiro—. De acuerdo. Elige uno.
MacPhee retiró un trozo de lana del estuche, lo extendió sobre el yunque y colocó sobre él con delicadeza una selección de seis anillos. Evie se inclinó parar mirarlos. Los anillos, todos ellos alianzas de oro de diversos tamaños y motivos, eran tan intricados y delicados que parecía imposible que los hubiera creado un herrero.
—Éste muestra cardos y nudos —dijo MacPhee, y lo levantó para que lo viera mejor—. Este tiene un diseño de llaves, y éste, una rosa de Shetland.
Evie eligió el más pequeño y se lo probó en el dedo anular izquierdo. Le iba perfecto. Se lo acercó para examinar el diseño. Era el más sencillo; una alianza de oro pulido que llevaba grabadas las palabras: Tha Gad Agam Ort.
—¿Qué significa? —preguntó a MacPhee.
—«Mi amor es tuyo.»
Escándalo en primavera
Un botón.
Arrugó la frente mientras lo miraba con atención, el botón tenía el grabado de un molino de viento. Por el otro lado tenía una fina placa de cristal, sujeta por una tira de cobre. Dentro de la placa se distinguía un mechón de pelo negro.
Swift se puso pálido y alargó la mano para quitárselo, pero ella cerró la mano.
A Daisy se le aceleró el pulso.
—Yo he visto esto antes —exclamó—. Eran cinco... mi madre hizo un chaleco para mi padre con cinco botones. Uno con el grabado de un molino de viento, el otro de un árbol, el otro de un puente… nos cortó un mechón de pelo a cada uno de sus hijos y los puso dentro de los botones. Recuerdo cuando me lo cortó a mi, lo hizo en la nuca para que no se me notara.
Sin mirarla, Swift recuperó los demás objetos y los volvió a guardar en su bolsillo. Se quedó callado y Daisy esperó en vano una explicación. Finalmente ella alargó la mano y le tocó el brazo.
Matthew no se movió, y clavó los ojos en su mano, sobre la manga de su chaqueta.
—¿Cómo consiguió usted esto? —susurró ella.
Swift tardo tanto tiempo en contestar que ella pensó que ya no lo haría.
Después de un momento él confesó con irritación:
—Su padre llevó el chaleco a las oficinas de la empresa. Le gustó a todo el mundo. Pero ese mismo día tuvo un arranque de mal genio, golpeó un frasco de tinta y se le derramó encima, Cómo es lógico el chaleco se estropeó. Pensando en el disgusto que tendría su madre me lo dio a mí para que me deshiciera de él.
—Pero usted guardó este botón —Daisy sentía una opresión en el pecho que no la dejaba respirar, el corazón le latía frenético—. El molino de viento. Era el mío.
¿Ha… ha guardado usted un mechón de mi pelo durante todos estos años? Matthew volvió a guardar silencio. Daisy nunca supo que habría contestado, porque el momento se rompió por el sonido de la voz de Annabelle en el pasillo.
—¡Daaaisyyyy!
Con el botón en la mano, Daisy intentó levantarse. El señor Swift la ayudo a ponerse en pie, agarrándola por la muñeca con una mano tiró de ella con cuidado.
Cuando estuvo en pie, le tendió la otra mano abierta y le dirigió una mirada inescrutable. Daisy se dio cuenta de que quería que le devolviera el botón, y dejó escapar una risita incrédula.
—Es mío —protestó ella. No porque quisiera el maldito botón, sino porque le parecía muy extraño que él hubiera tenido esa pequeña parte de ella durante tantos años. La asustó lo que eso podría significar.
Swift permaneció inmóvil y en silencio, esperando con una paciencia inflexible hasta que Daisy abrió la mano y dejó caer el botón sobre su palma. Él volvió a guardarlo en su bolsillo como una urraca posesiva y la soltó. Desconcertada, Daisy se dirigió hacia el cuarto de su hermana.
Amor por la tarde
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