Jurcan Uriarte Pontleca
Miembro Conocido
EUFROSINA Y SUS MALAS ARTES!!!
“Allá, por el barrio de San Cuchufato, habitaba Eufrosina. Al parecer su abuela le dejó la casa; ahí nació. Desde pequeña se dio a conocer; quienes la habían tratado no recuerdan a su señora madre, pero ella logró sobrevivir gracias a que era solicitada para trabajos domésticos, además de ser honesta y servicial.
“No era fea, pero se le veía malencarada; en realidad era amable y comunicativa; algunos decían que estaba amargada. Se le conocieron dos o tres enamorados, nada más. Se decía que sus galanes no le aguantaban porque los ahogaba de tanto amor o los hostigaba por celos.
“Según, se rumoraba, tenía dotes de clarividente y otras artes que le permitían saber de todo un poco, hasta del amor y que hacía conjuros. Su vivienda parecía fortaleza porfiriana ---no por la arquitectura sino por lo vieja---. Difícilmente se miraba al interior. Sus vecinos, aseguraban que por las noches se escuchaban sonidos guturales; algo así como cantos en lenguas semíticas, semejante a un rito satánico.
“Lo característico de Eufro, ---como de cariño le decían---, para seguirle el juego le pedían consejos para el amor, medicinas caseras y quien sabe cuántas cosas más. Quienes la habían consultado, para los filtros del amor les daba un sobre pequeño aromático, amarrado con un listón delgado color rojo, morado, azul. etc., de acuerdo a lo requerido. Según se sabía que en su contenido había: “pelos de lagartija en brama”, “lágrimas de tlaconete solitario”, “un pedazo del calzón de el o de la ingrata” (se llegó a saber que si por casualidad “aquél o aquélla”, no usaran dicha prenda), éste se suplía con algunos “hilos del pantalón o vestido y quién sabe que otros menjurjes más”.Ella vestía y vivía de la caridad humana; siempre se le miraba limpia y aseada. Regularmente se le veía por el mercado con las arbolarias o expendios esotéricos comprando lo necesario para dichos menjurjes.
“Como decíamos, tenía fama de practicar algunas artes. Se llegó a decir que era “bruja”, pero de esas “brujas buenas”. Era de pensarse, porque a su casa nadie había entrado ni conocía su interior; parecía fortaleza. Atisbando por alguna rendija difícilmente se apreciaba que hasta el fondo de dicha casa había una vivienda, además de otros cuartuchos mal construidos; los muros de la fachada altos, gruesos y grisáceos; el piso del interior, al parecer de losa de cantera; las paredes, en su interior, algunas vez fueron blancas, ahora verduscas, casi negras y con moho. Se podía asegurar que el sol no les había pegado por años.
“Una ocasión Eufro, se perdió de vista y por varios días no la vieron. Esto empezó a preocupar al vecindario; las personas se preguntaban una a otra ¿dónde estará o qué habrá pasado con Eufrosina?
“Un día, como a las seis de la tarde ---de esos días que se oscurece temprano---, una pequeña comitiva improvisada por personas que la estimaban se dieron a la tarea de buscarla; se dirigieron a su casa y como pudieron lograron forzar el cerrojo de la entrada principal, ---un portón de madera, todo carcomido, parte apolillado y húmedo---; al ser abierto los goznes rechinaron de manera tétrica.
“En el interior faltaba la luz y se sentía un frío sepulcral. Dos perros que estaban echados a la entrada del cuartucho ignoraron a los visitantes. La puerta del cuartucho, también de madera, toda desvencijada y torcida por el sol y la humedad estaba semiabierta; desde el interior se escuchaba un gemido, murmullo o canto lastimero.
“Ligeramente empujaron la puerta para atisbar y de su interior varios gatos salieron como en estampida haciendo brincar a los visitantes por el susto. Iban a preguntar si alguien se encontraba ahí y se percataron de que Eufosina, esta tirada en un catre, ardiendo en calentura y delirando. Se veía grave. Inmediatamente llamaron a la Cruz Roja, para su atención.
“No tenía luz eléctrica; se alumbraba con un quinqué de petróleo, que por cierto hoy día es difícil conseguirlo. Tenía, al centro del cuartucho, un anafre con carbón ardiendo y sobre el anafre una olla de aluminio toda tiznada, con agua hirviendo.
“El cuarto desprendía un olor a humedad, a perro, a gato, a orines y quien sabe a qué más. No estaba sucio, sino descuidado. En las paredes había algunos cuadros con fotos del año del caldo en blanco y negro (algún posible familiar), calendarios de años anteriores que conservaba, posiblemente por los paisajes o santos ilustrados, en un espacio, a manera de altar, había tres marcos medianos de madera con los santos de su devoción, alumbrados con ceras en cada lado, semi consumidas y a punto de terminarse.
“El rincón opuesto a su catre estaba dividido por una cortina de color oscuro, tirándole a negro; en el piso había veladoras y velas aromáticas encendidas; además había otras chucherías o algo como para algún rito . En la pared de dicho rincón, había pegadas unas cartulinas negras y en ellas las fotos de sus posibles enamorados.
“Mientras llegaba la asistencia médica, le pusieron a Eufrosina, compresas de agua fría en la frente para bajar la fiebre. “En ese momento, con dificultad trató de incorporarse.
“Con la escasa luz que había y por la misma temperatura le brillaron los ojos en blanco, después les resaltó un color rojizo, no por alguna posesión diabólica, sino por el reflejo de las brasas, el calor y el humo del carbón. ¡Los asistentes estaban absortos! ¡Se miraban unos a otros! ¡Nadie opinaba nada!!!
“¡Lo insólito! Parecía no conocer a quienes la estaban auxiliando. Difícilmente se incorporó, se puso de pie, con fuerza descomunal, inconscientemente empujó a quien trato de ayudarla y se dirigió al misterioso rincón toda “tembeleque” (tembleque), balbuceando algo por el delirio. Se posó frente al improvisado altar ceremonial y empezó a emitir una especie de gemidos entre cantos y lamentos. En realidad, el momento se antojaba tétrico. Cogió una botella y roció al suelo algo como una loción curativa. ¡Al parecer, “poseída”, (para hacerlo más emocionante), empezó a emitir con voz chillona, alargada y temblorosa algo como un canto en lengua semítica o quién sabe qué, semejante a un rito satánico! Para los asistentes un salmo satánico invocando “al pituche, al chamuco, al inombrable o sepa la bola a quién”, y decía…:
--- ¿“…Dooofondefe efestafaaas, Sefeñofor defe lafas alfaltufurafas cefelefestefes… “…Vefen y trafaefemefe afa mifi Rufutifiliofo ofo afa mifi Goforgofoniofo, quefe mefe hafan efengafañafadofo yfi nofo mefe hafan cufumplifidofo…
“…Yooofo lofos afamofo. “…Efescufuchafa mifi sufuplificafa yfi… y…, …
"¡Zas! que da el azotón.
“En ese momento llegaban los paramédicos; sobre una camilla la atendieron y la trasladaron al hospital.
“Pasados los días. Mientras convalecía en casa de una persona que la estimaba; los vecinos se dieron a la tarea de ordenar su casa; pintaron parte del interior. Le contrataron la luz eléctrica. Las autoridades respondieron de inmediato a las solicitudes de ayuda social y asistencial hecha por lo vecinos.
"Rutilio y Gorgonio, se enteraron y la fueron ha visitar. Se turnaron y hasta flores le llevaron y…, y…
¿continuará? (¿?)
Autor: Rafael Calderón Negrete. (Puebla, México)
Seudónimo: Jurcan Uriarte Pontleca.
20/10/2016 Derechos de Autor Reservados.©
“Allá, por el barrio de San Cuchufato, habitaba Eufrosina. Al parecer su abuela le dejó la casa; ahí nació. Desde pequeña se dio a conocer; quienes la habían tratado no recuerdan a su señora madre, pero ella logró sobrevivir gracias a que era solicitada para trabajos domésticos, además de ser honesta y servicial.
“No era fea, pero se le veía malencarada; en realidad era amable y comunicativa; algunos decían que estaba amargada. Se le conocieron dos o tres enamorados, nada más. Se decía que sus galanes no le aguantaban porque los ahogaba de tanto amor o los hostigaba por celos.
“Según, se rumoraba, tenía dotes de clarividente y otras artes que le permitían saber de todo un poco, hasta del amor y que hacía conjuros. Su vivienda parecía fortaleza porfiriana ---no por la arquitectura sino por lo vieja---. Difícilmente se miraba al interior. Sus vecinos, aseguraban que por las noches se escuchaban sonidos guturales; algo así como cantos en lenguas semíticas, semejante a un rito satánico.
“Lo característico de Eufro, ---como de cariño le decían---, para seguirle el juego le pedían consejos para el amor, medicinas caseras y quien sabe cuántas cosas más. Quienes la habían consultado, para los filtros del amor les daba un sobre pequeño aromático, amarrado con un listón delgado color rojo, morado, azul. etc., de acuerdo a lo requerido. Según se sabía que en su contenido había: “pelos de lagartija en brama”, “lágrimas de tlaconete solitario”, “un pedazo del calzón de el o de la ingrata” (se llegó a saber que si por casualidad “aquél o aquélla”, no usaran dicha prenda), éste se suplía con algunos “hilos del pantalón o vestido y quién sabe que otros menjurjes más”.Ella vestía y vivía de la caridad humana; siempre se le miraba limpia y aseada. Regularmente se le veía por el mercado con las arbolarias o expendios esotéricos comprando lo necesario para dichos menjurjes.
“Como decíamos, tenía fama de practicar algunas artes. Se llegó a decir que era “bruja”, pero de esas “brujas buenas”. Era de pensarse, porque a su casa nadie había entrado ni conocía su interior; parecía fortaleza. Atisbando por alguna rendija difícilmente se apreciaba que hasta el fondo de dicha casa había una vivienda, además de otros cuartuchos mal construidos; los muros de la fachada altos, gruesos y grisáceos; el piso del interior, al parecer de losa de cantera; las paredes, en su interior, algunas vez fueron blancas, ahora verduscas, casi negras y con moho. Se podía asegurar que el sol no les había pegado por años.
“Una ocasión Eufro, se perdió de vista y por varios días no la vieron. Esto empezó a preocupar al vecindario; las personas se preguntaban una a otra ¿dónde estará o qué habrá pasado con Eufrosina?
“Un día, como a las seis de la tarde ---de esos días que se oscurece temprano---, una pequeña comitiva improvisada por personas que la estimaban se dieron a la tarea de buscarla; se dirigieron a su casa y como pudieron lograron forzar el cerrojo de la entrada principal, ---un portón de madera, todo carcomido, parte apolillado y húmedo---; al ser abierto los goznes rechinaron de manera tétrica.
“En el interior faltaba la luz y se sentía un frío sepulcral. Dos perros que estaban echados a la entrada del cuartucho ignoraron a los visitantes. La puerta del cuartucho, también de madera, toda desvencijada y torcida por el sol y la humedad estaba semiabierta; desde el interior se escuchaba un gemido, murmullo o canto lastimero.
“Ligeramente empujaron la puerta para atisbar y de su interior varios gatos salieron como en estampida haciendo brincar a los visitantes por el susto. Iban a preguntar si alguien se encontraba ahí y se percataron de que Eufosina, esta tirada en un catre, ardiendo en calentura y delirando. Se veía grave. Inmediatamente llamaron a la Cruz Roja, para su atención.
“No tenía luz eléctrica; se alumbraba con un quinqué de petróleo, que por cierto hoy día es difícil conseguirlo. Tenía, al centro del cuartucho, un anafre con carbón ardiendo y sobre el anafre una olla de aluminio toda tiznada, con agua hirviendo.
“El cuarto desprendía un olor a humedad, a perro, a gato, a orines y quien sabe a qué más. No estaba sucio, sino descuidado. En las paredes había algunos cuadros con fotos del año del caldo en blanco y negro (algún posible familiar), calendarios de años anteriores que conservaba, posiblemente por los paisajes o santos ilustrados, en un espacio, a manera de altar, había tres marcos medianos de madera con los santos de su devoción, alumbrados con ceras en cada lado, semi consumidas y a punto de terminarse.
“El rincón opuesto a su catre estaba dividido por una cortina de color oscuro, tirándole a negro; en el piso había veladoras y velas aromáticas encendidas; además había otras chucherías o algo como para algún rito . En la pared de dicho rincón, había pegadas unas cartulinas negras y en ellas las fotos de sus posibles enamorados.
“Mientras llegaba la asistencia médica, le pusieron a Eufrosina, compresas de agua fría en la frente para bajar la fiebre. “En ese momento, con dificultad trató de incorporarse.
“Con la escasa luz que había y por la misma temperatura le brillaron los ojos en blanco, después les resaltó un color rojizo, no por alguna posesión diabólica, sino por el reflejo de las brasas, el calor y el humo del carbón. ¡Los asistentes estaban absortos! ¡Se miraban unos a otros! ¡Nadie opinaba nada!!!
“¡Lo insólito! Parecía no conocer a quienes la estaban auxiliando. Difícilmente se incorporó, se puso de pie, con fuerza descomunal, inconscientemente empujó a quien trato de ayudarla y se dirigió al misterioso rincón toda “tembeleque” (tembleque), balbuceando algo por el delirio. Se posó frente al improvisado altar ceremonial y empezó a emitir una especie de gemidos entre cantos y lamentos. En realidad, el momento se antojaba tétrico. Cogió una botella y roció al suelo algo como una loción curativa. ¡Al parecer, “poseída”, (para hacerlo más emocionante), empezó a emitir con voz chillona, alargada y temblorosa algo como un canto en lengua semítica o quién sabe qué, semejante a un rito satánico! Para los asistentes un salmo satánico invocando “al pituche, al chamuco, al inombrable o sepa la bola a quién”, y decía…:
--- ¿“…Dooofondefe efestafaaas, Sefeñofor defe lafas alfaltufurafas cefelefestefes… “…Vefen y trafaefemefe afa mifi Rufutifiliofo ofo afa mifi Goforgofoniofo, quefe mefe hafan efengafañafadofo yfi nofo mefe hafan cufumplifidofo…
“…Yooofo lofos afamofo. “…Efescufuchafa mifi sufuplificafa yfi… y…, …
"¡Zas! que da el azotón.
“En ese momento llegaban los paramédicos; sobre una camilla la atendieron y la trasladaron al hospital.
“Pasados los días. Mientras convalecía en casa de una persona que la estimaba; los vecinos se dieron a la tarea de ordenar su casa; pintaron parte del interior. Le contrataron la luz eléctrica. Las autoridades respondieron de inmediato a las solicitudes de ayuda social y asistencial hecha por lo vecinos.
"Rutilio y Gorgonio, se enteraron y la fueron ha visitar. Se turnaron y hasta flores le llevaron y…, y…
¿continuará? (¿?)
Autor: Rafael Calderón Negrete. (Puebla, México)
Seudónimo: Jurcan Uriarte Pontleca.
20/10/2016 Derechos de Autor Reservados.©
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