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Minada la salud...

Minada la salud ya no es momento
de nuevas aventuras ni idioteces.
Vivirlas las viví, pienso, y con creces.
Con sólo recordar ya estoy contento.

A muchos en mi caso un gran tormento
dañó la mayoría de las veces,
tuvieron que mojarse si es que peces
querían obtener como alimento.

En eso tuve suerte y no lo niego
pues siempre la Fortuna tuve al lado.
Primero, por vender bombas de riego;

después, cuando quebré, no me ha faltado
dinero suficiente; pero, luego,
aquel caudal de ayer ya se ha secado.

Por no tener cuidado
tan gran rico filón que tuve un día
en ruina se tornó, por culpa mía.

Quizás es que la culpa no tuviera
del todo del desastre que les digo
o puede que, quizás, hasta un amigo
no quiso ni ayudarme tan siquiera.

Pasó todo veloz, de tal manera
que vueltas al magín dándole sigo.
Acaso tan horrendo y cruel castigo,
por golfo y por truhán me mereciera.

No sirve ya pensar en el ayer,
no puede retornar el agua atrás.
Si tuve que luchar para comer

luché como el mejor o un poco más.
Al público le tuve que vender
de frente, de costado y por detrás.

Mas no pensé jamás
hallar en tal trabajo diversión.
Les juro que, al final, hasta afición.

El caso es que de veras me gustaba
vender al comprador aquellos sueños.
Algunos de su vicio no eran dueños
o, acaso, es que el dinero les sobraba.

A nadie con dinero puse traba.
Pagándome, ni grandes ni pequeños;
tan sólo compradores que, risueños,
venían a comprarme o les buscaba.

¡Ingenuo el jugador que ganar quiere
y lleva hasta su número anotado!
Por mucho que con ansias lo pidiere

saldrá el que su Destino haya marcado.
No digo que hagan trampa, pero muere
un poco su ilusión si no ha ganado.

Tirado ya está el dado…
Si piensan que es sin causa que me quejo
prosigan su tarea, que les dejo.

 
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