Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
No sueño con sus besos ni placeres,
me conformo mirando su sonrisa.
Tal vez pueda cumplirse esta quimera,
pero no sé qué día.
Dirá quien mal lo piense que mal hago,
preguntaré por qué tal cosa opina.
¡Que se meta mejor en sus asuntos,
que respete mi vida!
¡Infame cotilleo! Es, por lo visto,
el juego que con gusto más se estila:
Buscar en ojo ajeno alguna paja,
cuando en el nuestro hay viga.
La Biblia lo asegura desde siempre,
Caín mató a su hermano por envidia.
Yo tengo pocas cosas que envidiarme,
salvo mi Poesía.
Y tampoco, que no le he puesto precio
porque nunca en venderla tuve prisa.
¿Vendería a mis hijos o a mis nietos?
¡Pues la cosa es la misma!
- ¡Están verdes! -, aseguró la zorra
al no alcanzar las uvas de la viña.
Tal vez piense lo mismo quien me riñe
e igual frase repita.
¡Dedícate a lo tuyo y no molestes!
No juzgues a tu hermano si imaginas
que igual que tú lo has hecho han de juzgarte.
Si juzgas, ¡sé benigna!
Pues igual que tú dictas tu sentencia
hay un Dios que también la Suya dicta.
¡Cuanto más tú condenes en la tuya
menos clemencia pidas!
me conformo mirando su sonrisa.
Tal vez pueda cumplirse esta quimera,
pero no sé qué día.
Dirá quien mal lo piense que mal hago,
preguntaré por qué tal cosa opina.
¡Que se meta mejor en sus asuntos,
que respete mi vida!
¡Infame cotilleo! Es, por lo visto,
el juego que con gusto más se estila:
Buscar en ojo ajeno alguna paja,
cuando en el nuestro hay viga.
La Biblia lo asegura desde siempre,
Caín mató a su hermano por envidia.
Yo tengo pocas cosas que envidiarme,
salvo mi Poesía.
Y tampoco, que no le he puesto precio
porque nunca en venderla tuve prisa.
¿Vendería a mis hijos o a mis nietos?
¡Pues la cosa es la misma!
- ¡Están verdes! -, aseguró la zorra
al no alcanzar las uvas de la viña.
Tal vez piense lo mismo quien me riñe
e igual frase repita.
¡Dedícate a lo tuyo y no molestes!
No juzgues a tu hermano si imaginas
que igual que tú lo has hecho han de juzgarte.
Si juzgas, ¡sé benigna!
Pues igual que tú dictas tu sentencia
hay un Dios que también la Suya dicta.
¡Cuanto más tú condenes en la tuya
menos clemencia pidas!
