Bartolomé Rodríguez Oliva
Miembro
Si llora la esperanza es porque el día
amanece nublado y la noche agoniza
en su extrema locura, madrugadas largas
de monstruos, sombras y espectros decadentes.
Solo tu imagen permanece latente
como el niño que mama la teta de la madre adolescente,
tu imagen limpia, brillante, aseada , incandescente,
que me lleva por mares oscilantes, llenos de placeres,
sueños de tiempos vividos sin fantasmas del pasado.
Fantasmas como los guerreros de las Termópilas
que luchaban en la noche insomne
contra barcos cargados de enemigos crueles
Y yo, mendigo desvelado, me defiendo con tu imagen
esbelta, pura, transparente, desnuda a mi lado,
flotando en mi imaginación porque no estas presente,
paseando por playas doradas de aguas cristalinas
Y horizontes bellos de anaranjados atardeceres,
que nos hacen felices hasta llegar la noche.
Las sombras y los espectros aparecen de nuevo
como llamas semejantes a las figuras que el Greco
plasmaba en sus lienzos en la bella ciudad de Toledo.
En mi soledad, solo siento lágrimas que resbalan
por mis mejillas desde unos ojos cansados,
lánguidos y tristes a causa de los avatares
y obstáculos que nos impone la puta vida.
Al amanecer, los tenues rayos de sol, de un
nuevo día, te inyectan la adrenalina necesaria
para luchar, defender tu sitio y vivir de nuevo
con una alegría nada ficticia.
amanece nublado y la noche agoniza
en su extrema locura, madrugadas largas
de monstruos, sombras y espectros decadentes.
Solo tu imagen permanece latente
como el niño que mama la teta de la madre adolescente,
tu imagen limpia, brillante, aseada , incandescente,
que me lleva por mares oscilantes, llenos de placeres,
sueños de tiempos vividos sin fantasmas del pasado.
Fantasmas como los guerreros de las Termópilas
que luchaban en la noche insomne
contra barcos cargados de enemigos crueles
Y yo, mendigo desvelado, me defiendo con tu imagen
esbelta, pura, transparente, desnuda a mi lado,
flotando en mi imaginación porque no estas presente,
paseando por playas doradas de aguas cristalinas
Y horizontes bellos de anaranjados atardeceres,
que nos hacen felices hasta llegar la noche.
Las sombras y los espectros aparecen de nuevo
como llamas semejantes a las figuras que el Greco
plasmaba en sus lienzos en la bella ciudad de Toledo.
En mi soledad, solo siento lágrimas que resbalan
por mis mejillas desde unos ojos cansados,
lánguidos y tristes a causa de los avatares
y obstáculos que nos impone la puta vida.
Al amanecer, los tenues rayos de sol, de un
nuevo día, te inyectan la adrenalina necesaria
para luchar, defender tu sitio y vivir de nuevo
con una alegría nada ficticia.
