Jurcan Uriarte Pontleca
Miembro Conocido
PREGUNTA DIFÍCIL: ¿ERES FELIZ)
--- “Alguien, en una ocasión preguntó a Reeffiel Bohem: ¿Eres feliz?
--- “¡Naturalmente, que sí! ---contestó de inmediato---
--- “Tengo una familia, vida, salud y algunas tantas cosillas que motivan esa felicidad, aunada a las altas y bajas que se padecen en toda una vida y que a la vez la balancean. De ahí, la formación de una familia.
--- Pero, ¿A qué viene esa pregunta?
--- Mi interlocutor, simplemente contestó:
--- “He escuchado a muchos que se dicen felices. No lo creo. Es difícil hablar de felicidad, mas, cuando se está “fregado”, lo dudo.
--- Reeffiel, reconociendo que es un tema complejo y para evitar polémicas lo invitó a que leyera, de la autoría de Jurcan Uriarte Pontleca: “…Uno de muertitos, ¿No? (Prosa jocosa).
--- “A la vez, le dije:
--- “Dentro de esta prosa, pese a que está narrada con cierto optimismo, tiene algo que se apega a la realidad, su protagonista, “CHISTOPHER”, es el característico individuo como tú, yo y otros tantos que vagamos sobre la faz de la tierra o un posible parecido.
--- “Veamos, qué nos dice:
“Chistopher: a todo le encontraba gracia. Cualquier acontecimiento era materia para ponerle humor. Así disfrazaba el tedio al paso de la vida.
“Sus cuentos, chistes o puntadas, eran del agrado para algunos, no para todos. Algo que era de apreciarse es, que sus cuentos o chistes no eran “colorados” ---groseros o vulgares, como se dice---, había uno que otro subidillo de color, pero no caían en la vulgaridad; era enemigo se lo obsceno o grosero. Incluso, él, no era mal hablado.
“A cada acontecimiento o anécdota, Chistopher, le agregaba humor; resaltaba en lo chusco y gracioso. No faltó que alguien que no estaba de humor, incluso, su familia le dijeran: ¡---Te pasas! ¡Chistoso! o ¡No seas sangrón!
“En una ocasión, estando con su hija sucedió algo que Chistopher, le encontró el lado humorístico, ella, que no estaba de humor, molesta le dijo:
“---¡Papá! Tú a todo le encuentras chiste y quieres solucionarlo con eso, con chistes o cuentos...”… a lo que acostumbrado a ese tipo de reacciones ---faltas del sentido del humor---, contestó:
“--- Hija, no es que quiera ser gracioso, así soy desde que tengo uso de razón.
“--- Simplemente veo la vida con optimismo y de esa manera disfrazo lo que me ha invadido por siempre. He puesto humor a los aconteceres de la vida para no estar inmerso en lo que nos atosiga diariamente, entre ellos la inseguridad, la política, la salud y más que nada “la carestía de la vida”, para no sentirme víctima de ello, entre otras cosas ---con un dejo de tristeza, agregó---:
“--- Por ejemplo: Ustedes. ¡Perdóname, si no he podido darles lo que se merecen; por la pobreza a la que las he orillado…!
“---Es por eso, que me refugio en el optimismo, soy realista, pero me preocupa lo que bulle en nuestro alrededor, como el “qué será de ustedes en el mañana…”
“--- Tal vez no esté lejano el día en que yo muera y por fin se desharán de mí; ya no volverán a escuchar lo que para unos es gracioso, para otros tonterías o babosadas…
“--- Me iré feliz, porque creo no haberle hecho daño a nadie; triste y con un pesar porque no les di a ustedes lo que se merecían. Contento porque voy a rendir cuentas ante el Creador. Triste, porque a lo mejor ya no tendré aliento para despedirme con el último chiste o cuento. ¡Ojala, y esto último, Dios, me lo conceda!
“…. Pero, feliz, porque pese a tantos tropiezos le he dado a mi vida optimismo; triste, porque en mis adentros, el peso de mi conciencia me exige ser sincero, ya que mis fracasos los he disfrazado con cuentos, historias, chistoretes y mucho optimismo; contento, porque he demostrado que lo material y difícil de la vida se aliviana con optimismo, que es lo que ha motivado mi vida y mi manera de ser. Preocupado, porque cada acontecimiento, al que me he enfrentado con aparente fortaleza siento desfallecer, pero me sobrepongo ante ustedes, mis hijos, mi familia y quienes creen de mí.
“--- Pese a que los años lo he disfrazado con optimismo, el tiempo ha dado cuenta de dicha fortaleza ya no es la misma como ayer, pero la retroalimento con ese optimismo que sale a relucir y que por dentro me corroe y me deprime como a Juan de Dios Peza, en “Reír Llorando; a Jurcan Uriarte Pontleca en: “Poeta, necesito un consejo”, o “Payaso o Bufón”, entre otros. Debo admitir que día a día, mi anatomía y mi piel van cobrando su cuota por naturaleza, de acuerdo al paso de los años. Triste, porque de lo que he vivido hasta la actualidad, con gusto hubiera convidado parte de mi vida al amigo o amiga, que se adelantó y he sentido su partida.
--- “Qué se daría por no sentir el dolor de la partida, ni vivir sintiendo el hueco de la ausencia de los que se adelantan, pero…, son los designios del Creador. Y…, mejor así lo dejamos. ¡Discúlpame…!
Autor: Rafael Calderón Negrete. (Puebla, México)
Seudónimo: Jurcan Uriarte Pontleca.
23/02/2019 Derechos de Autor Reservados.©
--- “Alguien, en una ocasión preguntó a Reeffiel Bohem: ¿Eres feliz?
--- “¡Naturalmente, que sí! ---contestó de inmediato---
--- “Tengo una familia, vida, salud y algunas tantas cosillas que motivan esa felicidad, aunada a las altas y bajas que se padecen en toda una vida y que a la vez la balancean. De ahí, la formación de una familia.
--- Pero, ¿A qué viene esa pregunta?
--- Mi interlocutor, simplemente contestó:
--- “He escuchado a muchos que se dicen felices. No lo creo. Es difícil hablar de felicidad, mas, cuando se está “fregado”, lo dudo.
--- Reeffiel, reconociendo que es un tema complejo y para evitar polémicas lo invitó a que leyera, de la autoría de Jurcan Uriarte Pontleca: “…Uno de muertitos, ¿No? (Prosa jocosa).
--- “A la vez, le dije:
--- “Dentro de esta prosa, pese a que está narrada con cierto optimismo, tiene algo que se apega a la realidad, su protagonista, “CHISTOPHER”, es el característico individuo como tú, yo y otros tantos que vagamos sobre la faz de la tierra o un posible parecido.
--- “Veamos, qué nos dice:
“Chistopher: a todo le encontraba gracia. Cualquier acontecimiento era materia para ponerle humor. Así disfrazaba el tedio al paso de la vida.
“Sus cuentos, chistes o puntadas, eran del agrado para algunos, no para todos. Algo que era de apreciarse es, que sus cuentos o chistes no eran “colorados” ---groseros o vulgares, como se dice---, había uno que otro subidillo de color, pero no caían en la vulgaridad; era enemigo se lo obsceno o grosero. Incluso, él, no era mal hablado.
“A cada acontecimiento o anécdota, Chistopher, le agregaba humor; resaltaba en lo chusco y gracioso. No faltó que alguien que no estaba de humor, incluso, su familia le dijeran: ¡---Te pasas! ¡Chistoso! o ¡No seas sangrón!
“En una ocasión, estando con su hija sucedió algo que Chistopher, le encontró el lado humorístico, ella, que no estaba de humor, molesta le dijo:
“---¡Papá! Tú a todo le encuentras chiste y quieres solucionarlo con eso, con chistes o cuentos...”… a lo que acostumbrado a ese tipo de reacciones ---faltas del sentido del humor---, contestó:
“--- Hija, no es que quiera ser gracioso, así soy desde que tengo uso de razón.
“--- Simplemente veo la vida con optimismo y de esa manera disfrazo lo que me ha invadido por siempre. He puesto humor a los aconteceres de la vida para no estar inmerso en lo que nos atosiga diariamente, entre ellos la inseguridad, la política, la salud y más que nada “la carestía de la vida”, para no sentirme víctima de ello, entre otras cosas ---con un dejo de tristeza, agregó---:
“--- Por ejemplo: Ustedes. ¡Perdóname, si no he podido darles lo que se merecen; por la pobreza a la que las he orillado…!
“---Es por eso, que me refugio en el optimismo, soy realista, pero me preocupa lo que bulle en nuestro alrededor, como el “qué será de ustedes en el mañana…”
“--- Tal vez no esté lejano el día en que yo muera y por fin se desharán de mí; ya no volverán a escuchar lo que para unos es gracioso, para otros tonterías o babosadas…
“--- Me iré feliz, porque creo no haberle hecho daño a nadie; triste y con un pesar porque no les di a ustedes lo que se merecían. Contento porque voy a rendir cuentas ante el Creador. Triste, porque a lo mejor ya no tendré aliento para despedirme con el último chiste o cuento. ¡Ojala, y esto último, Dios, me lo conceda!
“…. Pero, feliz, porque pese a tantos tropiezos le he dado a mi vida optimismo; triste, porque en mis adentros, el peso de mi conciencia me exige ser sincero, ya que mis fracasos los he disfrazado con cuentos, historias, chistoretes y mucho optimismo; contento, porque he demostrado que lo material y difícil de la vida se aliviana con optimismo, que es lo que ha motivado mi vida y mi manera de ser. Preocupado, porque cada acontecimiento, al que me he enfrentado con aparente fortaleza siento desfallecer, pero me sobrepongo ante ustedes, mis hijos, mi familia y quienes creen de mí.
“--- Pese a que los años lo he disfrazado con optimismo, el tiempo ha dado cuenta de dicha fortaleza ya no es la misma como ayer, pero la retroalimento con ese optimismo que sale a relucir y que por dentro me corroe y me deprime como a Juan de Dios Peza, en “Reír Llorando; a Jurcan Uriarte Pontleca en: “Poeta, necesito un consejo”, o “Payaso o Bufón”, entre otros. Debo admitir que día a día, mi anatomía y mi piel van cobrando su cuota por naturaleza, de acuerdo al paso de los años. Triste, porque de lo que he vivido hasta la actualidad, con gusto hubiera convidado parte de mi vida al amigo o amiga, que se adelantó y he sentido su partida.
--- “Qué se daría por no sentir el dolor de la partida, ni vivir sintiendo el hueco de la ausencia de los que se adelantan, pero…, son los designios del Creador. Y…, mejor así lo dejamos. ¡Discúlpame…!
Autor: Rafael Calderón Negrete. (Puebla, México)
Seudónimo: Jurcan Uriarte Pontleca.
23/02/2019 Derechos de Autor Reservados.©
