Francisco Rubén Jorquera
Miembro Conocido
"I am forever — alone! — I am forever — for everyone!"
Vladimir Lenyashin
Vladimir Lenyashin
Estaba leyendo un par de poemas relacionados entre sí... Maravillosos ambos y se los quize compartir.
Heinrich Heine
«Sie liebten sich beide, doch keiner»
Sie liebten sich beide, doch keiner
wollt’ es dem andern gestehn;
sie sahen sich an so feindlich,
und wollten vor Liebe vergehn.
Sie trennten sich endlich und sahn sich
nur noch zuweilen im Traum;
sie waren längst gestorben
und wußten es selber kaum.
Traducción al español
«Se amaban ambos, pero ninguno»
Se amaban ambos, pero ninguno
quiso confesárselo al otro;
se miraban con tal aire de enemigos
y casi morían de amor.
Al fin se separaron y solo se vieron
de vez en cuando en sueños;
hacía ya mucho que habían muerto
y apenas ellos mismos lo sabían.
Mijaíl Lérmontov
«Они любили друг друга так долго и нежно»
Они любили друг друга так долго и нежно,
С тоской глубокой и страстью безумно-мятежной!
Но, как враги, избегали признанья и встречи,
И были пусты и хладны их краткие речи.
Они расстались в безмолвном и гордом страданье,
И милый образ во сне лишь порою видали.
И смерть пришла: наступило за гробом свиданье...
Но в мире новом друг друга они не узнали.
Traducción al español
«Se amaron durante tanto tiempo y con tanta ternura»
Se amaron durante tanto tiempo y con tanta ternura,
con honda melancolía y pasión insensata y turbulenta.
Pero, cual si enemigos, evitaban la confesión y el encuentro,
y sus breves palabras eran vacías y frías.
Se separaron en un sufrimiento silencioso y orgulloso,
y solo a veces veían en sueños la imagen amada.
Y llegó la muerte: tras la tumba ocurrió el reencuentro...
Pero en el nuevo mundo no se reconocieron.
«Sie liebten sich beide, doch keiner»
Sie liebten sich beide, doch keiner
wollt’ es dem andern gestehn;
sie sahen sich an so feindlich,
und wollten vor Liebe vergehn.
Sie trennten sich endlich und sahn sich
nur noch zuweilen im Traum;
sie waren längst gestorben
und wußten es selber kaum.
Traducción al español
«Se amaban ambos, pero ninguno»
Se amaban ambos, pero ninguno
quiso confesárselo al otro;
se miraban con tal aire de enemigos
y casi morían de amor.
Al fin se separaron y solo se vieron
de vez en cuando en sueños;
hacía ya mucho que habían muerto
y apenas ellos mismos lo sabían.
Mijaíl Lérmontov
«Они любили друг друга так долго и нежно»
Они любили друг друга так долго и нежно,
С тоской глубокой и страстью безумно-мятежной!
Но, как враги, избегали признанья и встречи,
И были пусты и хладны их краткие речи.
Они расстались в безмолвном и гордом страданье,
И милый образ во сне лишь порою видали.
И смерть пришла: наступило за гробом свиданье...
Но в мире новом друг друга они не узнали.
Traducción al español
«Se amaron durante tanto tiempo y con tanta ternura»
Se amaron durante tanto tiempo y con tanta ternura,
con honda melancolía y pasión insensata y turbulenta.
Pero, cual si enemigos, evitaban la confesión y el encuentro,
y sus breves palabras eran vacías y frías.
Se separaron en un sufrimiento silencioso y orgulloso,
y solo a veces veían en sueños la imagen amada.
Y llegó la muerte: tras la tumba ocurrió el reencuentro...
Pero en el nuevo mundo no se reconocieron.
Versión propia en español
Se amaron con honda mansedumbre,
Se amaron con honda mansedumbre,
con hambre oscura y fiebre contenida;
ardió secreto el hilo de sus días
bajo la nieve fiel de la costumbre.
Temieron la verdad de la mirada,
el temblor que desnuda lo profundo;
y así, teniendo el paraíso al borde,
lo rechazaron con los labios fríos.
Hablaron poco, y todo fue ceniza;
callaron más, y el corazón ardía.
Cada ademán buscaba al otro en sombra,
cada silencio fue una despedida.
Después llegó la tarde de la ausencia,
el orgulloso pan de la distancia;
y solo en sueños, dóciles y trémulos,
volvían a rozarse sin herirse.
La noche les guardó lo no vivido,
la forma intacta de la dicha muda;
pero la aurora, cruel como un destierro,
los devolvía a su prisión de nombres.
Y vino al fin la muerte, con sus llaves;
abrió la puerta ciega de la sombra.
Se hallaron otra vez, ya sin el tiempo,
ya sin la pobre fiebre de la carne.
Mas, en la luz extraña de lo eterno,
cuando el dolor debía ser ceniza,
pasaron uno al lado del otro, graves,
sin reconocerse en el nuevo reino.
Tal vez amar fue solo no decirlo;
tal vez perderse fue su única alianza.
Y así el amor, tan tierno y tan tardío,
murió de ser callado demasiadas veces.
Otra versión mía a la chilena... (dime cual te gustó más)
Se amaron, eso está claro.
Se amaron, eso está claro.
No a la manera del cine,
no a la manera de los poetas oficiales,
sino a la chilena:
apretando los dientes.
Se amaron años enteros
sin decir una palabra útil.
Cuando estaban juntos
hablaban puras leseras:
el frío, la hora,
la salud de la tía,
cualquier cosa,
con tal de no decir:
mire, sabe qué,
yo me estoy yendo a pique por usted.
Se tenían miedo.
Como si darse un beso
fuera firmar una confesión ante notario.
Como si el amor,
en vez de salvar a alguien,
lo dejara debiendo.
Total: se alejaron.
Cada uno por su lado,
haciendo el papel de persona razonable.
De noche soñaban.
De día se peinaban la cara
y seguían adelante
como buenos contribuyentes del desastre.
De día se peinaban la cara
y seguían adelante
como buenos contribuyentes del desastre.
Después se murió uno.
Después se murió el otro.
Porque la muerte,
digámoslo de una vez,
también sabe hacer fila.
Y entonces vino el gran momento,
el que prometen las religiones baratas,
las novelas de segunda mano,
las señoras de luto,
los boleros con orquesta:
el reencuentro.
Ahí estaba todo servido:
la eternidad,
el alma,
la segunda oportunidad,
la famosa luz al final del túnel.
Y nada.
Nada de nada.
Ni lágrimas.
Ni revelación.
Ni perdón.
Ni música de fondo.
Se miraron
como se mira a un desconocido en la micro,
con esa cortesía sin compromiso
de quien no quiere meterse en problemas.
de quien no quiere meterse en problemas.
Entonces uno entiende
que no era el destino,
ni la tragedia,
ni los impedimentos exteriores.
Era algo peor.
Era que habían gastado tanto tiempo
en no ser,
que al final de verdad no eran nadie.
Ni para el otro.
Ni para sí mismos.
Y el amor,
ese monumento que parecía de mármol,
resultó ser yeso mojado.
Bastó que lo tocara la muerte
para que se viniera abajo.
El oleo que adjunto corresponde a Retrato del artista René Magritte, Bélgica, 1928, Surrealismo Título original: Les Amants
Técnica: Óleo (54,2 x 73 cm.)
