Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Viví como la vida me lo impuso,
sin límites, sosiego ni barreras;
soñando, sin dormir, sueños de gloria.
Pasé como fugaz ave que vuela.
Pensé, sin cavilar, que siempre joven
sería sin que nadie me impusiera
la ley de la vejez, sin que ninguno
frenase mi ambición, sueña que sueña.
Al alba desperté y, esa mañana,
no pude recordar. Mi mala estrella
condujo mi vivir por derroteros
ignotos para mí, pese a estar cerca.
Los sueños del ayer ya están lejanos,
la cruda realidad hoy me atormenta;
el viento se llevó, como hace siempre,
el árbol que planté y sus hojas secas.
La música no escucho en mis oídos,
tan sólo un moscardón zumba en mi oreja;
los libros que leí se hallan cerrados,
las páginas de dos sí están abiertas.
En uno puede verse, del gran Bécquer,
la magia de sus Rimas y Leyendas;
el otro está firmado por Virgilio.
Su título sabrán, pues es La Eneida.
- ¡Apaga ya la luz!, - oigo a lo lejos.
Su tono es conocido. Sí, me suena.
Resulta ser la voz de aquel muchacho
que viene a reclamarme con fiereza
en dónde está la gloria que soñara.
- Ignoro el paradero.- Es mi respuesta.
sin límites, sosiego ni barreras;
soñando, sin dormir, sueños de gloria.
Pasé como fugaz ave que vuela.
Pensé, sin cavilar, que siempre joven
sería sin que nadie me impusiera
la ley de la vejez, sin que ninguno
frenase mi ambición, sueña que sueña.
Al alba desperté y, esa mañana,
no pude recordar. Mi mala estrella
condujo mi vivir por derroteros
ignotos para mí, pese a estar cerca.
Los sueños del ayer ya están lejanos,
la cruda realidad hoy me atormenta;
el viento se llevó, como hace siempre,
el árbol que planté y sus hojas secas.
La música no escucho en mis oídos,
tan sólo un moscardón zumba en mi oreja;
los libros que leí se hallan cerrados,
las páginas de dos sí están abiertas.
En uno puede verse, del gran Bécquer,
la magia de sus Rimas y Leyendas;
el otro está firmado por Virgilio.
Su título sabrán, pues es La Eneida.
- ¡Apaga ya la luz!, - oigo a lo lejos.
Su tono es conocido. Sí, me suena.
Resulta ser la voz de aquel muchacho
que viene a reclamarme con fiereza
en dónde está la gloria que soñara.
- Ignoro el paradero.- Es mi respuesta.
