Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Tú no puedes decirme que me calle,
es mi voz tan potente como un rayo.
Mas si mandas que calle yo me callo,
que obediente seré por más que estalle.
Pero observa, mi bien, sólo un detalle:
Por respeto guardé las apariencias,
por temer que al hablar inconveniencias
de mi boca surgieran; mas, hoy día,
ya callarme no puedo, vida mía.
No me importa que tenga consecuencias.
Es mi estirpe que exige te lo diga,
el empuje de mil generaciones
que supieron luchar. No me abandones
si no vuelvo a llamarte "dulce amiga".
Permitirme debieras que prosiga
que te quiero pensando, no hay remedio;
que dispuesto he de estar hasta al asedio
y a rendir esa plaza que, insolente,
no se quiere rendir porque no siente
el amor como yo. Ya hallaré el medio.
Es contienda difícil la que empiezo,
pero intuyo, lo sé, que victorioso
de tal lucha saldré pues es hermoso
el trofeo a ganar si no tropiezo.
Por jugarme, me juego hasta el pescuezo
y hasta el alma también si es que es preciso.
Solamente requiero tu permiso.
Caballero nací, no maleante.
Preferible es cejar, no ir adelante
ya depende de ti, seré sumiso.
Mas si dices que no, ¡venga la Muerte!,
de los hombres eterna compañera;
es mejor terminar la amarga espera,
¡pues prefiero morir a no tenerte!
Si dijeras que sí, ¡qué enorme suerte!
¡Para siempre vivir en un Nirvana..!
¡Despertarme y sentir, en la mañana,
junto al mío tu cuerpo acurrucado!
No despiertes, poeta, y sigue al lado
de tu amor que hoy se encuentra tan lejana.
Sueño puede bien ser, ¡pero tan bello
que ojalá que jamás me despertara!
Y si tengo que hacerlo que encontrara
a mi lado, sedoso, tu cabello.
No consigo pensar si no es en ello
y mi vida consumo en tal tarea.
¡Venga, dime, cariño, lo que sea
aunque pueda tu voz ser mi desgracia!
He vivido la vida con audacia,
¡no me asusta morir en tal pelea!
es mi voz tan potente como un rayo.
Mas si mandas que calle yo me callo,
que obediente seré por más que estalle.
Pero observa, mi bien, sólo un detalle:
Por respeto guardé las apariencias,
por temer que al hablar inconveniencias
de mi boca surgieran; mas, hoy día,
ya callarme no puedo, vida mía.
No me importa que tenga consecuencias.
Es mi estirpe que exige te lo diga,
el empuje de mil generaciones
que supieron luchar. No me abandones
si no vuelvo a llamarte "dulce amiga".
Permitirme debieras que prosiga
que te quiero pensando, no hay remedio;
que dispuesto he de estar hasta al asedio
y a rendir esa plaza que, insolente,
no se quiere rendir porque no siente
el amor como yo. Ya hallaré el medio.
Es contienda difícil la que empiezo,
pero intuyo, lo sé, que victorioso
de tal lucha saldré pues es hermoso
el trofeo a ganar si no tropiezo.
Por jugarme, me juego hasta el pescuezo
y hasta el alma también si es que es preciso.
Solamente requiero tu permiso.
Caballero nací, no maleante.
Preferible es cejar, no ir adelante
ya depende de ti, seré sumiso.
Mas si dices que no, ¡venga la Muerte!,
de los hombres eterna compañera;
es mejor terminar la amarga espera,
¡pues prefiero morir a no tenerte!
Si dijeras que sí, ¡qué enorme suerte!
¡Para siempre vivir en un Nirvana..!
¡Despertarme y sentir, en la mañana,
junto al mío tu cuerpo acurrucado!
No despiertes, poeta, y sigue al lado
de tu amor que hoy se encuentra tan lejana.
Sueño puede bien ser, ¡pero tan bello
que ojalá que jamás me despertara!
Y si tengo que hacerlo que encontrara
a mi lado, sedoso, tu cabello.
No consigo pensar si no es en ello
y mi vida consumo en tal tarea.
¡Venga, dime, cariño, lo que sea
aunque pueda tu voz ser mi desgracia!
He vivido la vida con audacia,
¡no me asusta morir en tal pelea!
