Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Te hablé y no dijiste nada...
Tu amor, se ve, duró poco.
¡Y yo que pensé, cual loco,
que estabas enamorada!
Me has dejado en la estacada
cuando más falta me hacía
tu amor, mas llegará el día
que te arrepientas por ello.
¡Mucho llamarme: - ¡Mi bello! -,
siendo todo felonía.
Excusas no necesito
sobre tu Dios o Satán.
Como yo no te amarán,
¡eso lo he dejado escrito!
Y lo por mí manuscrito
es verdad como que hay Dios;
aunque puede que haya dos,
siendo los dos diferentes:
El tuyo engaña a las gentes,
llevándolas de sí en pos.
Mi Dios es sinceridad,
amor real y dulzura;
aunque sé que fue locura
enamorarme a mi edad.
Pero te amé de verdad,
por eso siento dolor.
No mientas más, ¡por favor!,
fingiendo gran desconsuelo;
porque mentir nunca suelo
en temas como el amor.
Y si mentí en ocasiones,
muy pocas, jamás a ti.
Nunca supe decir sí
si quise decir que nones.
¡Qué difícil me lo pones,
te lo aseguro, mujer!
¿Me tengo yo que creer
que jamás tú me has mentido
o que tu Dios ha exigido
que me dejes de querer?
Pues no te creo, lo siento,
porque un Dios puede exigir
una forma de vivir
pero no imponer tormento.
Cuando llegó aquel momento
en que te llamé, además,
te vi dar un paso atrás
no de respeto. ¡De miedo!
Así que solo me quedo
como siempre, una vez más.
¿Respeto a quién, a mi esposa?
No sigas con ese cuento,
que tan sólo es un invento
propio de una mentirosa.
Fuiste como la raposa
que invade ajeno corral.
¡Hasta pudo ser real
que al principio me quisieras!
Mas al ver que iba de veras
cortaste, ¡para mi mal!
¡Esta historia se acabó!
Si quieres, sigue jugando
pero piensa que hasta cuándo.
Pueden decirte que no.
Que aquella que me mintió
puede encontrarse, a su vez,
sola y triste en su vejez
por jugar con fantasías.
Ya llegarán esos días,
¡pues llegan con rapidez!
Siendo joven no pensé
que me habrían de llegar,
por ello para mí amar
fue jugar, hoy sí lo sé.
Pero entonces no temblé
aun perdiendo la partida.
¡Eran trances de la vida
que solían ocurrir!
Así malgasté el vivir,
que no es cosa divertida.
Tu amor, se ve, duró poco.
¡Y yo que pensé, cual loco,
que estabas enamorada!
Me has dejado en la estacada
cuando más falta me hacía
tu amor, mas llegará el día
que te arrepientas por ello.
¡Mucho llamarme: - ¡Mi bello! -,
siendo todo felonía.
Excusas no necesito
sobre tu Dios o Satán.
Como yo no te amarán,
¡eso lo he dejado escrito!
Y lo por mí manuscrito
es verdad como que hay Dios;
aunque puede que haya dos,
siendo los dos diferentes:
El tuyo engaña a las gentes,
llevándolas de sí en pos.
Mi Dios es sinceridad,
amor real y dulzura;
aunque sé que fue locura
enamorarme a mi edad.
Pero te amé de verdad,
por eso siento dolor.
No mientas más, ¡por favor!,
fingiendo gran desconsuelo;
porque mentir nunca suelo
en temas como el amor.
Y si mentí en ocasiones,
muy pocas, jamás a ti.
Nunca supe decir sí
si quise decir que nones.
¡Qué difícil me lo pones,
te lo aseguro, mujer!
¿Me tengo yo que creer
que jamás tú me has mentido
o que tu Dios ha exigido
que me dejes de querer?
Pues no te creo, lo siento,
porque un Dios puede exigir
una forma de vivir
pero no imponer tormento.
Cuando llegó aquel momento
en que te llamé, además,
te vi dar un paso atrás
no de respeto. ¡De miedo!
Así que solo me quedo
como siempre, una vez más.
¿Respeto a quién, a mi esposa?
No sigas con ese cuento,
que tan sólo es un invento
propio de una mentirosa.
Fuiste como la raposa
que invade ajeno corral.
¡Hasta pudo ser real
que al principio me quisieras!
Mas al ver que iba de veras
cortaste, ¡para mi mal!
¡Esta historia se acabó!
Si quieres, sigue jugando
pero piensa que hasta cuándo.
Pueden decirte que no.
Que aquella que me mintió
puede encontrarse, a su vez,
sola y triste en su vejez
por jugar con fantasías.
Ya llegarán esos días,
¡pues llegan con rapidez!
Siendo joven no pensé
que me habrían de llegar,
por ello para mí amar
fue jugar, hoy sí lo sé.
Pero entonces no temblé
aun perdiendo la partida.
¡Eran trances de la vida
que solían ocurrir!
Así malgasté el vivir,
que no es cosa divertida.
Última edición:
