Miguel Francisco Romero
Nuevo Miembro
UN ANGEL DEL INFIERNO
© Derechos reservados del texto
Autor: Miguel F. Romero 12/04/2013 Argentina.
Reposo sediento
en la noche oscura.
La luna se esfuma
en la bruma impregnada
de perfumes de selvas
de fuego iluminada.
La fiebre desata
temblores profundos
en mi cuerpo desnudo.
Buscando el alivio
en el bello remanso
del espejo del rio.
Apareces de la noche
cabellos al viento
piel de rosa y de fuego.
Como un ángel te siento
será la muerte, me digo
y el infierno presiento.
Siento en mi frente
tu mano caliente
que calma mi fiebre.
Me miras, ojos ardientes
te miro, veo una diosa,
desnuda, de fuego, hermosa.
Siento tu cuerpo y tu aliento
y provoca mis sentidos.
arrebatos doloridos
de penurias desdichadas
aplaca tu vientre, en el mío
en demencias desatadas.
Tu piel, tiempo de fuego
todo mi cuerpo entrego.
Siento el calor en mi savia
murmullos, infierno de lava
sumergido en el dulce relajo
del gozo final, y el sosiego.
Eterno se hace el tiempo
En los gozos florecidos
de un amor prohibido.
De un ángel y un mortal
soberano de todo mal
deleite, en la dulce lívido.
Tus caricias queman, llama viva
curan mis abiertas heridas.
Tu esencia se lleva mi vida
me besas, y locuras consentidas
embelesadas, retoman mi cuerpo
al imperio de fuerzas reprimidas.
Con cadencia vertical
tu vientre conjuga en el mío
en el éxtasis final
de gozos compartidos
pierdo mi aliento y el sentido
el cuerpo libre de todo mal.
Tu cuerpo de bronce y fuego
se ilumina, en el ímpetu prendido.
Abres tus alas bellas, doradas
sostienen tu cuerpo que brama
perdiéndote en la noche sin tiempo
volando a las sombras en calma.
Pronto entiendo tus codicias.
Tarde lamento tus malicias.
Falsa y endiablada,
te llevaste al infierno, mi alma.
© Derechos reservados del texto
Autor: Miguel F. Romero 12/04/2013 Argentina.
Reposo sediento
en la noche oscura.
La luna se esfuma
en la bruma impregnada
de perfumes de selvas
de fuego iluminada.
La fiebre desata
temblores profundos
en mi cuerpo desnudo.
Buscando el alivio
en el bello remanso
del espejo del rio.
Apareces de la noche
cabellos al viento
piel de rosa y de fuego.
Como un ángel te siento
será la muerte, me digo
y el infierno presiento.
Siento en mi frente
tu mano caliente
que calma mi fiebre.
Me miras, ojos ardientes
te miro, veo una diosa,
desnuda, de fuego, hermosa.
Siento tu cuerpo y tu aliento
y provoca mis sentidos.
arrebatos doloridos
de penurias desdichadas
aplaca tu vientre, en el mío
en demencias desatadas.
Tu piel, tiempo de fuego
todo mi cuerpo entrego.
Siento el calor en mi savia
murmullos, infierno de lava
sumergido en el dulce relajo
del gozo final, y el sosiego.
Eterno se hace el tiempo
En los gozos florecidos
de un amor prohibido.
De un ángel y un mortal
soberano de todo mal
deleite, en la dulce lívido.
Tus caricias queman, llama viva
curan mis abiertas heridas.
Tu esencia se lleva mi vida
me besas, y locuras consentidas
embelesadas, retoman mi cuerpo
al imperio de fuerzas reprimidas.
Con cadencia vertical
tu vientre conjuga en el mío
en el éxtasis final
de gozos compartidos
pierdo mi aliento y el sentido
el cuerpo libre de todo mal.
Tu cuerpo de bronce y fuego
se ilumina, en el ímpetu prendido.
Abres tus alas bellas, doradas
sostienen tu cuerpo que brama
perdiéndote en la noche sin tiempo
volando a las sombras en calma.
Pronto entiendo tus codicias.
Tarde lamento tus malicias.
Falsa y endiablada,
te llevaste al infierno, mi alma.
