Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Voy a escribirle esta noche
en que nadie nos molesta
unos versos a una niña,
a una delicada prenda.
Su nombre ya es conocido,
suena a Castilla la Vieja.
Como la esposa del Cid,
también se llama Jimena.
¡Qué ojazos tienes, preciosa,
y qué mirada traviesa!
Parece que fuera alguien,
cuando a nadie le interesa.
¿Por qué vendrías al mundo?
¡Sabe Dios lo que te espera!
Bien que querría ayudarla,
pero no me dejan verla.
¿Por cuál tremenda locura
no puedo ver a mi nieta,
cuando no me cansaría
de escribirle mil poemas?
¡Esta sociedad maldita,
de izquierdas y de derechas
ha elevado tantos muros,
ha puesto tantas barreras,
que pienso que es imposible
que en paz vivamos sin guerras.
Tú todavía no entiendes,
eres aún muy pequeña,
pero verás qué te ocurre
ya de mayor, cuando crezcas.
Puede suceder que un día,
si leyeses mi poema,
por fin te enteres de todo
y quizás hasta comprendas
que mi amor por ti fue grande,
más de lo que nadie piensa.
¿Que yo te dejé muy sola?
¿Que acaso por esa mezcla..?
Al que así te lo contara
dile que más no te mienta.
Que un español no es racista,
que acoge bien al que llega
hasta aquí con intenciones
limpias y no deshonestas.
Pero al que llega de popa,
a quien molesta la idea
de trabajar... A ése nunca
se le acogerá de buenas.
Porque llevamos mil sangres,
fenicia, romana, griega,
y no pienses que es excusa
porque lo digo de veras.
Pero hay líos de familias,
y mejor que no existieran,
dos culturas diferentes
que es difícil que se entiendan.
Una, la de un hombre honrado;
otra, la de un sinvergüenza.
Y disculpa que así tilde
a quien te engendró, princesa.
Vale ya, por el momento,
porque es preciso que duerma.
Tú debes estar dormida…
¡Quién supiese lo que sueñas!
en que nadie nos molesta
unos versos a una niña,
a una delicada prenda.
Su nombre ya es conocido,
suena a Castilla la Vieja.
Como la esposa del Cid,
también se llama Jimena.
¡Qué ojazos tienes, preciosa,
y qué mirada traviesa!
Parece que fuera alguien,
cuando a nadie le interesa.
¿Por qué vendrías al mundo?
¡Sabe Dios lo que te espera!
Bien que querría ayudarla,
pero no me dejan verla.
¿Por cuál tremenda locura
no puedo ver a mi nieta,
cuando no me cansaría
de escribirle mil poemas?
¡Esta sociedad maldita,
de izquierdas y de derechas
ha elevado tantos muros,
ha puesto tantas barreras,
que pienso que es imposible
que en paz vivamos sin guerras.
Tú todavía no entiendes,
eres aún muy pequeña,
pero verás qué te ocurre
ya de mayor, cuando crezcas.
Puede suceder que un día,
si leyeses mi poema,
por fin te enteres de todo
y quizás hasta comprendas
que mi amor por ti fue grande,
más de lo que nadie piensa.
¿Que yo te dejé muy sola?
¿Que acaso por esa mezcla..?
Al que así te lo contara
dile que más no te mienta.
Que un español no es racista,
que acoge bien al que llega
hasta aquí con intenciones
limpias y no deshonestas.
Pero al que llega de popa,
a quien molesta la idea
de trabajar... A ése nunca
se le acogerá de buenas.
Porque llevamos mil sangres,
fenicia, romana, griega,
y no pienses que es excusa
porque lo digo de veras.
Pero hay líos de familias,
y mejor que no existieran,
dos culturas diferentes
que es difícil que se entiendan.
Una, la de un hombre honrado;
otra, la de un sinvergüenza.
Y disculpa que así tilde
a quien te engendró, princesa.
Vale ya, por el momento,
porque es preciso que duerma.
Tú debes estar dormida…
¡Quién supiese lo que sueñas!
