Salva Carrion
Miembro Activo

Vuelan los petirrojos con su canto
por las calles del pueblo, al negrecer,
cuando la luna comienza a encender
la perla que nos cubre con su manto.
El céfiro de añil trae su encanto,
el rocío en la hierba al florecer
hace al color del prado verdecer,
y colgar de los balcones el llanto.
El Sol despierta la campiña alada
vestida de los pacientes trigales;
los segadores juntan los aperos.
Al alba de la prima campanada,
se apuran por caminos vecinales,
al duro afán de esforzados braceros.
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