¡QUÉ DESILUSIÓN!
Ayer me invitó a comer a su casa,
tenía todo preparado y listo.
Una mesa que nunca había visto,
y ese ambiente que al tiempo lo atrasa.
El aroma penetraba mi nariz,
y sentí una cálida sensación.
Mi cerebro sufrió una conmoción
al creer que veía la Tour Eiffel, en París...