Ascendí hasta la cima
con un paso agotador.
Me encaramé a la roca
más alta, más erguida,
y desde allí observé
el mundo a mis pies.
Llené mi alma del silencio,
del cielo infinito,
y disfruté del suave planear
del águila en su reino,
del aire puro azotando mi cara,
de las siluetas de las montañas...